Técnica de trasplante para evitar rechazo de los órganos
Consiste en aplicar células de la médula ósea del donante al receptor para hacer convivir en él ambos sistemas inmunes.
Una de las grandes complicaciones que se presentan a la hora de realizar un trasplante de órganos sólidos es la resistencia que ofrece el sistema inmune del receptor frente al nuevo tejido, al que no reconoce como propio.
La única opción terapéutica para controlar esa respuesta inmunitaria es la administración de tratamientos inmunosupresores, es decir, medicamentos inhibidores de parte de las reacciones del sistema inmune.
Como estas terapias no son específicas, reducen también la defensa contra toda posible amenaza, desde virus, hongos o bacterias hasta células tumorales, es decir que pueden tener graves efectos secundarios.
Estrategia conjunta
Frente a este problema, investigadores del CONICET en el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA), junto a un equipo médico del Hospital La Paz de Madrid (España), desarrollaron una estrategia que combina el trasplante de órganos con una terapia celular que consiste en la administración de un tipo de células provenientes de la médula ósea, que se conocen como precursores hematopoyéticos y que se encargan de dar origen a distintas células sanguíneas, incluidas las del sistema inmune.
"Lo que hacemos es poner a convivir en el cuerpo del paciente los dos sistemas inmunes el suyo y el del donante, dando lugar a lo que llamamos un sistema inmune quimérico, en el que hay una relación armoniosa entre ambos", cuenta Rodrigo Papa Gobbi, investigador del CONICET en el IIFP y uno de los participantes argentinos de la investigación, y desarrolla:
"Estos precursores hematopoyéticos que se inyectan al paciente se alojan en su médula ósea. Allí se dividen y dan origen a muchos tipos diferentes de células. Estas nuevas células son las que van a enseñarle al organismo que el nuevo órgano no es algo peligroso", destacó el especialista.