☰
✕
Santiago

Día Mundial de la Toma de Conciencia de laTartamudez: una mirada más allá del síntoma

Una persona puede saber exactamente qué quiere decir y sentir que una palabra queda momentáneamente bloqueada.

Hoy es el Día Internacional de la Toma de Conciencia de la Tartamudez, una fecha que invita a los profesionales de la Fonoaudiología a compartir conocimientos actualizados, respaldados por la evidencia científica.

La tartamudez es una alteración involuntaria de la fluidez del habla, reconocida como un trastorno del neurodesarrollo, de base neurobiológica y naturaleza multifactorial. Se caracteriza por repeticiones de sonidos, sílabas o palabras, prolongaciones y bloqueos que interrumpen la continuidad del habla. Puede acompañarse de tensión y esfuerzo, movimientos asociados y sensación de pérdida de control al hablar, incluso cuando la tensión pasa inadvertida para quien escucha. Suele comenzar en la primera infancia, especialmente entre los 2 y los 5 años, y se observa con mayor frecuencia en varones que en mujeres.

Una persona puede saber exactamente qué quiere decir y sentir que una palabra queda momentáneamente bloqueada. Para comprender esta experiencia también resulta importante diferenciar la tartamudez de los errores normales de la fluidez, presentes en el habla espontánea.

Errores normales de la fluidez y tartamudez

"Mientras hablamos, podemos hacer pausas, vacilar, utilizar interjecciones, reformular una idea o repetir alguna palabra o frase mientras organizamos un mensaje. Son errores normales de la fluidez, antes denominados también disfluencias comunes o típicas. Aparecen durante el desarrollo del lenguaje y también en el habla de adolescentes y adultos. La diferencia se aprecia en cómo transcurre el habla, en el esfuerzo y la tensión que pueden acompañarla y en la experiencia de quien habla. Un bloqueo prefonatorio, por ejemplo, ocurre antes de que comience la voz y puede transcurrir en silencio; la tensión puede estar presente aunque resulte imperceptible para quien escucha. Escuchar y observar estos aspectos permite comprender mejor lo que experimenta cada persona. Durante la primera infancia, la evolución a lo largo de los meses aporta información valiosa: cómo comenzó la tartamudez, qué cambios observa la familia y cómo se desenvuelve el niño en sus espacios cotidianos. Atender tempranamente a estas experiencias ayuda a orientar el acompañamiento", explicó la Lic. Carla M. Biagioli, .Fonoaudióloga

Las inquietudes de las familias y las observaciones de los docentes son motivos suficientes para realizar una consulta fonoaudiológica: "Allí se puede valorar el habla, el lenguaje y la comunicación, ofrecer orientación y decidir con la familia los pasos más adecuados", sostuvo.

La tartamudez es de naturaleza multifactorial. "Esto significa que se comprende por la interacción de varios factores, que se combinan de manera diferente en cada persona. Algunos son internos: la predisposición genética y neurobiológica, la organización de los movimientos necesarios para hablar, el lenguaje y los procesos cognitivos que nos permiten preparar y expresar un mensaje. Otros son externos: las experiencias y demandas comunicativas en la familia, la escuela, las relaciones sociales y el trabajo. Esta interacción ayuda a comprender por qué la tartamudez puede variar entre personas y situaciones. La predisposición biológica ocupa un lugar central en su explicación. Al mismo tiempo, el entorno y las experiencias comunicativas pueden influir en la tensión, la anticipación, las respuestas frente al habla y las oportunidades de participar. En cada paciente, estos aspectos se relacionan con su historia y con la manera en que vive su comunicación" ahondó la especialista.

Lic. Carla M. Biagioli

La misma condición, experiencias diferentes

La tartamudez puede variar según el momento, el interlocutor y las circunstancias. En algunos niños ocurre una remisión; en otros, persiste durante la adolescencia y la adultez. También existen períodos de mayor fluidez y formas de ocultamiento. Variabilidad, remisión y ocultamiento son experiencias diferentes, y distinguirlas ayuda a comprender la evolución de cada persona. En la infancia, observar cambios a lo largo del tiempo y conocer las reacciones del niño permite acompañar su recorrido. En la adolescencia y la adultez, algunas formas de ocultamiento pueden volver menos perceptible la tartamudez, mientras la persona continúa experimentando tensión o anticipación. La experiencia cambia según la etapa vital.

"Detrás de cada palabra hay una historia, sentimientos y pensamientos"

Conocer la tartamudez es un comienzo; llevar ese conocimiento a la vida cotidiana es el verdadero desafío. "Está en nuestra manera de escuchar, en las oportunidades que ofrecemos para participar y en el respeto por los tiempos y la singularidad de cada persona. Porque detrás de cada palabra hay una historia, sentimientos, pensamientos y experiencias que merecen ser compartidos", sostuvo la Lic. Carla M. Biagioli.

Y cerró: "Comprender que cada persona es mucho más que una etiqueta, es fundamental, pero alcanzar la precisión diagnóstica es un deber clínico ineludible que hace a la incumbencia de nuestra profesión. El abordaje fonoaudiológico es, por excelencia, el espacio idóneo para velar por el habla, la comunicación y el lenguaje. Por eso, un error en la evaluación o un diagnóstico equivocado no es un simple detalle administrativo; significa hacerle perder a un niño un tiempo valiosísimo y único para su desarrollo. Caminar a la par de las familias implica garantizarles esa certeza temprana desde nuestra disciplina, evitando tratamientos erróneos y permitiendo intervenir con el rumbo correcto desde el primer día. Que este 22 de octubre nos invite a comprender que una comunicación verdaderamente humana comienza cuando aprendemos a escuchar al otro, más allá de cómo lleguen sus palabras".

Ir a la nota original

MáS NOTICIAS