Milei reconoció que la economía frenó su ritmo de crecimiento y explicó las razones de la suba del riesgo país
El mandatario adjudicó la volatilidad financiera al endurecimiento de las tasas globales, el aumento del crudo y las disputas con la oposición interna. Afirmó que el superávit evitó una crisis mayor y defendió el rumbo de su plan económico.
En una evaluación sobre el presente financiero de la Argentina, el presidente Javier Milei abordó las recientes oscilaciones en los mercados y reconoció que el proceso de reactivación económica perdió dinamismo en las últimas semanas. El jefe de Estado argumentó que la combinación de un entorno internacional adverso y las tensiones del escenario político doméstico explican el comportamiento de los indicadores clave, al tiempo que ratificó que el ancla fiscal salvó al país de un colapso de proporciones históricas.
Al referirse al avance del índice de riesgo crediticio durante un diálogo periodístico con El Observador de España, el mandatario relativizó el movimiento reciente comparándolo con el inicio de su gestión: "Nosotros recibimos el riesgo país en 3000 puntos y hoy está en 650. Bueno, hay un mundo convulsionado". En esa sintonía, remarcó la sensibilidad que exhiben los títulos locales frente al clima externo: "Cuando las cosas se normalicen, a Argentina le va a ir mucho mejor".
Las definiciones presidenciales trascendieron en una jornada marcada por presiones cambiarias y financieras, donde la cotización del dólar oficial trepó hasta tocar un nuevo techo de $1550 y el indicador elaborado por JP Morgan perforó la barrera de los 700 puntos básicos, situándose por encima de la marca citada por el Ejecutivo.
El impacto del crudo, la inflación externa y la desaceleración local
En su análisis de la coyuntura foránea, el Presidente se centró en el encarecimiento de la energía y el endurecimiento monetario global. Detalló que la escalada del barril de petróleo desde los US$60 hacia la zona de los US$110 por barril forzó a los bancos centrales del mundo a elevar sus tipos de interés para contener el repunte de los precios al consumidor.
"Lo que tenés hoy es un mundo que tiene más inflación, más tasa de interés y menos actividad", sintetizó el mandatario. Bajo ese marco, admitió las consecuencias directas sobre la economía doméstica: "Argentina desaceleró el ritmo en que se estaba expandiendo y, al mismo tiempo, como consecuencia de que la economía se expande menos, el ritmo al que cae la tasa de inflación es menor".
Pese al enfriamiento, Milei ponderó la disciplina fiscal como un escudo que impidió un derrumbe generalizado: "En otro contexto como este, Argentina hubiera volado por los aires". Para graficar la fragilidad previa, estimó que solventar un déficit de US$35.000 millones, los vencimientos de la deuda y un rojo en materia energética habría exigido un financiamiento externo cercano a los US$80.000 millones: "Eso es una hiperinflación con una caída del PBI del 10%". En contraposición, contrastó que en la actualidad la balanza energética ostenta un saldo a favor de US$10.000 millones.
El factor político interno y las variables sociales.
Junto con las presiones externas, el mandatario cargó contra la oposición legislativa, a la que acusó de provocar una desestabilización que golpeó las cotizaciones de los títulos públicos e hizo subir el costo del endeudamiento. Recordó que durante los primeros meses del año anterior el PBI avanzaba al 8% y el registro inflacionario de mayo se ubicaba en el 1,5%: "Ahí salieron a atacar al programa económico, nos metieron 40 leyes tratando de derribar el equilibrio fiscal y hubo siete intentos de juicio político".
Ese clima de incertidumbre, según su visión, desató una liquidación de activos argentinos que repercutió de lleno en la economía real: "Eso golpeó claramente en los niveles de ingresos de los argentinos e impactó sobre la pobreza". El Presidente sostuvo que esa dinámica comenzó a modificarse hacia marzo, hasta que convergieron los nuevos ruidos internacionales.
Consultado sobre la situación de los sectores que padecen la pérdida del poder adquisitivo o la falta de empleo, recurrió a la analogía de un grupo familiar que hipoteca su hogar, despilfarra los recursos y luego queda sin ingresos para afrontar la deuda contraída. En esa línea, responsabilizó a las administraciones peronistas y kirchneristas por la destrucción del capital acumulado, señalando que la recomposición de los salarios reales requiere inexorablemente de mayor productividad, ahorro e inversión genuina.
"Yo no le voy a mentir a la gente, yo le digo la verdad. Si querés que te engañen, busca al mentiroso, yo voy a seguir diciéndote la verdad. Pero vamos por el buen camino", aseveró. Asimismo, defendió el sendero adoptado al manifestar que la actividad avanza "cuatro veces más fuerte que el promedio de los últimos 100 años", aunque reconoció su impaciencia respecto a los tiempos de maduración del plan: "La dirección es la correcta. Ahora, me gustaría que fuera mucho más rápido".
Al repasar las estadísticas sociolaborales, se dio cuenta de una tasa de pobreza situada en el 32%, una indigencia del 7% y una vulnerabilidad infantil del 42%. Frente a estas cifras, resumió: "Los números siguen siendo horribles, pero la película es la mejor película de la historia".
El horizonte electoral y los plazos de recuperación
De cara al calendario institucional, Milei inscribió el debate macroeconómico en la disputa en las urnas del próximo año, postulando una disyuntiva entre dar un paso hacia el pasado o ratificar el rumbo liberal. "El futuro de los argentinos está en manos de los argentinos y eso lo van a decidir el año que viene", subrayó.
Por último, el mandatario buscó moderar las expectativas de corto plazo sobre una solución integral a los desequilibrios estructurales del país: "Creer que podés arreglar todo en cuatro años o en ocho años es mentirle a la gente".