La historia del primer Encuentro Nacional de Mujeres y la memoria de cuatro décadas de construcción feminista en América Latina
Por Luciana Peker.
En julio de 1981, en Bogotá, Colombia, se realizó el primer Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe (EFLAC), al que fueron más de doscientas mujeres y disidencias sexuales de México, República Dominicana, Puerto Rico, Panamá, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile y Colombia.
En ese momento, todavía, Argentina padecía una dictadura. Pero, en el continente surgía una práctica que no es un congreso, un meet, una formación, una charla, una feria, una fiesta, un fogón, una clase, una cátedra, una movilización ni un festival. Y, a la vez, es todo eso: algo tan grande, indescriptible y potente que identifica la forma de construcción feminista: encontrarse.
Los encuentros latinoamericanos inspiraron a los argentinos y los argentinos a muchas otras que se amuchan y que se preparan, para el próximo Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades, en Buenos Aires, en octubre del 2027. La celebración y la capacidad de alojamiento de la ciudad prevén una llegada masiva de participantes.
En tiempos de retroceso de derechos, de protestas y de represión un encuentro es una forma multitudinaria de poner el cuerpo y de protegerse. En tiempos de aislamiento, depresión y dispersión un encuentro es una forma de revitalizarse.
En tiempos de indiferencia un encuentro es una forma de conectarse. Por es es central entender los tiempos de los Encuentros. A partir del Encuentro de Bogotá las feministas de América Latina percibieron la posibilidad de "crear un lenguaje feminista propio y común que repercutió en las perspectivas con las que cada grupo militaba en sus propios países", se pusieron de acuerdo Nancy Sternbach, Marysa Navarro, Patricia Chuchryk y Sonia Álvarez.
Las formas del norte global es que una habla y muchas escuchan. Las formas del sur global es que muchas hablan, escuchan y marchan. El Encuentro reafirmó que el feminismo de América Latina no era una importación de Europa y Estados Unidos sino una respuesta a las opresiones interseccionales vividas en la región.
Pero, además, se constituyó como un movimiento amplio, diverso y en constante construcción. En 1981 se decidió que el 25 de noviembre se convierta en una fecha icónica de lucha para combatir la violencia contra las mujeres en homenaje a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, por parte de la dictadura de Rafael Trujillo, en 1960, en República Dominicana.
El movimiento empezó antes y, cuando la rueda deja de girar, es importante volver a cuando empezó el giro. Un antecedente importante -en un formato más clásico- fue la Conferencia de Naciones Unidas, llevada adelante en la Ciudad de México, en 1975.
En Argentina ya estaba la triple AAA y la dictadura militar interrumpió toda posibilidad de manifestación, reunión y reflexión. La orden era "circulen" para que ninguna persona pudiese pensar al lado de la otra. Y el reto a las madres era: "¿Usted sabe dónde está su hijo ahora?" con la que culpabilizar a las familias por los encuentros subversivos de sus hijos e hijas.
En el comienzo de los años ochenta, el primer EFLAC, fue cuando todavía, mandaba la dictadura militar en Argentina. Se estaba lejos de poder realizar acciones colectivas. Aunque las argentinas sabían que pasaba en América Latina y empezaban a pensar estrategias para pedir más derechos.
La democracia llegó en 1983, tres años después, con el entusiasmo de la vida ciudadana y la libertad como una posibilidad de puertas abiertas. En ese momento se realizó el II Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLAC), en Lima, Perú.
En 1985 se organizó el III Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en Bertioga, Brasil. En 1987, el IV Encuentro latinoamericano llegó hasta Taxco, México. En cada parada se sumaban más mujeres y más diversas.
Hace cuarenta años ya no se trataba sólo de que algunas hablaran por todas, sino que todas empezaron a hablar en un coro sin presidencias. En ese momento, en Brasil, se amplió la convocatoria a mujeres de sectores populares, negras, indígenas y lesbianas y se facilitaron las metodologías abiertas para permitir una participación activa.
Los talleres eran plurales, circulares, sin escalafones, ni titulaciones. Ninguna era más importante que la otra y la importancia de la verdadera paridad era (y es) que las mujeres de todas las clases pudieran hablar y que nadie hablara por ellas.
En Argentina, en 1986, con el entusiasmo ciudadano, se logró realizar el Primer Encuentro Nacional de Mujeres, en el Centro Cultural San Martín, de la Ciudad de Buenos Aires. El grupo inicial fue pionero, transversal, mítico y lograban ponerse de acuerdo mientras se juntaban a comer lentejas, sin saber que iban a iniciar un ritual sin precedentes.
La convocatoria desbordó los planes del comité organizador. La concurrencia fue un éxito, pero el mayor éxito es la permanencia. Desde ese momento, se realizaron, todos los años, en todos lados, con mujeres de todos los sectores.
El 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries se celebró el 10, 11 y 12 de octubre, en Córdoba. La Comisión Organizadora (CO) rescató que pudieron construir la convocatoria a pesar de diferencias y ese punto de unión -en momentos donde la política se destruye por internas vacías- es una de las fortalezas de encontrarse.
En Córdoba hubo mucha participación en los talleres que se realizaron en aulas de escuelas, en los paseos por las plazas, en las asambleas y actividades culturales. El 11 de octubre hubo una marcha contra los Travesticidios, Transfemicidios y Transhomicidios.
Mientras que el 12 de octubre se realizó una gran marcha final, desde Olmos y Maipú hasta Concepción de Arenales, con fiesta y peña de cierre. El cierre es un clásico multitudinario, emocionante y festivo, desde cada lugar que se recorre, al este y al oeste, al sur y al norte del país.
"Una delegación de compañeras de pueblos preexistentes, en el marco de una ceremonia espiritual y política, abrió el camino a la movilización. La cabecera de la marcha reflejó el activismo, las organizaciones sociales y políticas, colectivas y agrupaciones participantes", señaló la Comisión Organizadora en Córdoba.
En el 40° aniversario el Encuentro va a volver a su punto de orígen: la Ciudad de Buenos Aires. La decisión de la sede se tomó a partir del fervor de los aplausos. La idea de recorrer el país e ir de Jujuy a Bariloche y de Córdoba a Resistencia, de La Plata a Posadas y de Tucumán a Trelew es el espíritu de una forma de organización -que cambia en cada punto geográfico- y que pone la brújula en ir hacía donde más se necesita.
Pero, esta vez, Buenos Aires fue impulsada para generar un encuentro multitudinario, con una gran participación nacional, regional e internacional. Todavía no se conoce la fecha exacta. Pero si el punto de origen y la razón de ser: una democracia mucho más democrática cuando todas hablan.
En el cierre la mítica locutora Liliana Daunes ilustró: "Al menos somos tres generaciones de mujeres, travestis, lesbianas, trans, no binaries, feministas y transfeministas, trabajadoras, jubiladas, desocupadas y militantes que venimos sosteniendo esta herramienta de organización colectiva".
Para Infobae