☰
✕
Viceversa

Cáncer de mama: prevenir también es mirar más allá de la mamografía

Por Dra. Yanina Cangelosi Alba

Octubre vuelve a teñirse de rosa y, con él, reaparecen los mensajes sobre mamografías, autoexamen y diagnóstico precoz. Todo eso es importante. Pero hablar de prevención del cáncer de mama también exige mirar lo que ocurre mucho antes de que aparezca una imagen sospechosa.

Alimentación, actividad física, alcohol, adiposidad, hormonas y metabolismo interactúan durante años. Dentro de ese entramado hay una relación que la ciencia viene estudiando cada vez con mayor interés: el metabolismo del colesterol y determinados metabolitos capaces de participar en la biología del cáncer de mama.

La relación es real, pero bastante más compleja que decir simplemente que «el cáncer se alimenta del colesterol».

El cáncer más frecuente entre las mujeres argentinas

En Argentina se estimaron 20.750 nuevos casos de cáncer de mama en 2024. Representaron el 29,9 % de todos los nuevos tumores diagnosticados en mujeres, lo que lo convirtió en el cáncer femenino más frecuente del país.

Ese mismo año se registraron 5.912 muertes por cáncer de mama. Sin embargo, también hay una noticia alentadora: entre 2014 y 2024, la tasa de mortalidad ajustada descendió aproximadamente un 14 %, de 17,76 a 15,36 muertes por cada 100.000 mujeres.

Detrás de esa reducción intervienen múltiples factores, entre ellos una mayor detección temprana, mejores tratamientos y avances en el manejo de los distintos subtipos tumorales.

¿Qué tiene que ver el colesterol?

El colesterol no solo participa en la formación de placas arteriales. También es una molécula necesaria para las membranas celulares y la producción de hormonas, y puede transformarse en compuestos biológicamente activos.

Uno de ellos es el 27-hidroxicolesterol (27HC), un metabolito capaz de interactuar con los receptores de estrógeno.

En modelos experimentales, el 27HC ha mostrado capacidad para favorecer mecanismos relacionados con el crecimiento, la migración y la invasión tumoral. Sin embargo, esto no significa que tener colesterol LDL alto cause cáncer de mama ni que reducirlo necesariamente disminuya el crecimiento tumoral en una paciente.

Los estudios realizados en mujeres muestran resultados mucho más complejos y, hasta ahora, el colesterol sanguíneo no puede utilizarse como un marcador oncológico independiente.

Las estatinas también tienen un lugar en la cardiooncología, fundamentalmente por su función cardiovascular. En pacientes con alto riesgo de cardiotoxicidad que recibirán determinados tratamientos, especialmente antraciclinas, pueden considerarse como parte de una estrategia cardioprotectora.

Además, algunos estudios observacionales han encontrado menor recurrencia y mortalidad por cáncer de mama entre usuarias de estatinas. Aun así, la evidencia actual no permite indicarlas como tratamiento contra el cáncer.

La relación entre colesterol, 27HC y cáncer de mama es una línea de investigación prometedora, pero todavía no justifica transformar una hipótesis biológica en una recomendación clínica.

Alimentación: mejor hablar de patrones que de alimentos milagrosos

Cuando hablamos de cáncer, aparecen rápidamente listas de alimentos «anticáncer» y alimentos supuestamente prohibidos.

La realidad es más interesante.

Un metaanálisis publicado en 2026 encontró que una mayor adherencia a patrones alimentarios vegetales saludables se asociaba con aproximadamente un 12 % menos de riesgo de cáncer de mama. En cambio, un patrón vegetal basado en productos de baja calidad nutricional no mostró una asociación protectora significativa.

Una alimentación vegetal no es automáticamente saludable.

No es lo mismo que predominen verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas que construir la dieta alrededor de harinas refinadas, bebidas azucaradas, snacks o ultraprocesados simplemente porque no contienen ingredientes animales.

La calidad global de la alimentación importa más que la etiqueta de una dieta o la presencia aislada de un alimento.

¿Y la soja?

Durante años, muchas mujeres recibieron mensajes contradictorios sobre la soja por contener isoflavonas, compuestos vegetales capaces de interactuar con los receptores de estrógeno.

Existen dos receptores estrogénicos principales: ER? (alfa) y ER? (beta). Las isoflavonas de la soja muestran una mayor afinidad por ER?. Esto ayuda a explicar por qué su comportamiento biológico no es idéntico al del estrógeno producido por el organismo.

En el tejido mamario y en algunos tumores hormonodependientes, ER? está más relacionado con señales proliferativas.

La evidencia clínica disponible no muestra que el consumo habitual de alimentos de soja aumente el riesgo de recurrencia del cáncer de mama. Por el contrario, estudios observacionales y metaanálisis han encontrado asociaciones con menor recurrencia y mejor supervivencia, aunque estos resultados no demuestran por sí solos una relación causal.

También es importante distinguir los alimentos de soja —como tofu, tempeh, edamame o bebida de soja— de los suplementos concentrados de isoflavonas, que no necesariamente deben considerarse equivalentes.

La soja alimentaria puede formar parte de una alimentación saludable y, según la evidencia disponible, no es necesario evitarla por el solo hecho de tener antecedentes de cáncer de mama. La indicación de suplementos, en cambio, merece una evaluación individual.

El alcohol merece una mención especial

Entre tantos nutrientes estudiados, existe un factor cuya relación con el cáncer de mama está mucho mejor establecida: el alcohol.

El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer destaca que las bebidas alcohólicas aumentan el riesgo de cáncer de mama, tanto antes como después de la menopausia.

Se trata de uno de los factores modificables mejor establecidos. Desde el punto de vista oncológico, cuanto menor sea el consumo, menor será el riesgo asociado al alcohol.

Moverse para prevenir

La actividad física no beneficia solamente al corazón.

Existe evidencia consistente de que mantenerse físicamente activa se relaciona con un menor riesgo de cáncer de mama, especialmente después de la menopausia.

Además, ayuda a preservar la masa muscular, mejorar la sensibilidad a la insulina, controlar el peso y disminuir la adiposidad visceral.

La prevención cardiovascular y la prevención oncológica vuelven a encontrarse aquí.

Moverse, entrenar fuerza, mantener un peso saludable y sostener una alimentación de buena calidad son intervenciones que benefician simultáneamente a múltiples sistemas del organismo.

Prevenir también significa detectar temprano

Ningún estilo de vida elimina completamente el riesgo. Por eso, la prevención primaria debe convivir con la detección precoz.

En Argentina, para mujeres de 50 a 69 años, asintomáticas y con riesgo promedio, el Programa Nacional de Control de Cáncer de Mama recomienda realizar una mamografía cada dos años. Las mujeres con síntomas, antecedentes personales o familiares relevantes u otros factores de alto riesgo necesitan una evaluación individual, independientemente de la edad.

La mamografía puede detectar lesiones cuando todavía no son palpables, lo que favorece el diagnóstico temprano y permite, en muchos casos, realizar tratamientos menos agresivos.

El autoexamen puede ayudar a conocer el propio cuerpo, pero no reemplaza la mamografía ni constituye por sí mismo un método de tamizaje. Conocer los cambios habituales de las mamas y consultar ante cualquier modificación sospechosa también es importante.

Mirar más allá del lazo rosa

El cáncer de mama es una enfermedad biológicamente diversa, en la que interactúan la genética, el envejecimiento, las hormonas, el metabolismo, el ambiente y el estilo de vida.

Mientras la ciencia continúa investigando, ya conocemos intervenciones con un respaldo sólido:

-Moverse y realizar actividad física regularmente.

-Evitar el tabaco.

-Limitar el consumo de alcohol.

-Mantener un peso saludable.

-Priorizar alimentos vegetales de buena calidad nutricional.

-Realizar los controles médicos indicados.

-Consultar cuando aparece algún cambio en las mamas.

Prevenir el cáncer de mama significa reducir los riesgos que podemos modificar, reconocer los que no podemos cambiar y llegar al diagnóstico lo más temprano posible cuando la enfermedad aparece.

Acercar la ciencia a todos mejora la salud pública.

Podés hacerme llegar tus comentarios y propuestas de temas a @tucardiologavegana.

Ir a la nota original

MáS NOTICIAS