Defensas bajas: la crisis espiritual y sus consecuencias
Por Mar Dorrio
A lo largo de este año, exorcistas oficialmente nombrados han advertido que la actividad extraordinaria del enemigo, por desgracia, es cada vez menos extraordinaria y tiende a convertirse en lo habitual. ¿A qué se debe este fenómeno?
Cuando una persona pasa el invierno enfermando de manera recurrente ante cualquier virus en circulación, suele atribuirse a un sistema inmunitario debilitado. Un proceso similar afecta hoy a la sociedad: la protección espiritual frente a lo preternatural ha disminuido notablemente debido a una falta generalizada de defensas espirituales.
La pérdida de los sacramentos y la protección inicial
Cada vez se bautizan menos niños bajo el argumento de permitirles elegir al alcanzar la mayoría de edad. Sin embargo, del mismo modo que se les vacuna contra el sarampión, la polio o la triple vírica sin esperar su consentimiento, resulta contraproducente dejarlos desprotegidos frente al mal, privados de las gracias sacramentales que confiere el bautismo.
El abandono de la piedad cotidiana y los sacramentales
A esto se suma la progresiva desaparición de costumbres arraigadas: la bendición de los padres hacia los hijos es cada vez más infrecuente, a pesar del inmenso valor de gestos cotidianos como despedir a un hijo con las palabras "Dios te bendiga".
Asimismo, los templos registran una notable disminución de fieles, alejando a la comunidad del encuentro con la comunión y de los auxilios espirituales que brinda el sacramento de la reconciliación. A este escenario se sumaron los efectos de la pandemia, que derivaron en el desuso generalizado de un sacramental tan relevante como el agua bendita en las iglesias.
Discernimiento frente a la vulnerabilidad espiritual
El resultado es un entorno en el que lo extraordinario se normaliza y donde el acceso a una asistencia adecuada por parte de la Iglesia resulta, en muchas ocasiones, complejo. Aunque no todas las aflicciones obedecen a causas preternaturales, al igual que en la medicina es preferible realizar pruebas preventivas para descartar patologías mayores, en el plano espiritual una oración de discernimiento preventiva siempre resulta oportuna.
Grados de acción extraordinaria y normalización de la ayuda
De la misma manera que acudir a terapia psicológica se ha normalizado, conviene normalizar la solicitud de oraciones de discernimiento o liberación. La teología espiritual clasifica habitualmente los ataques extraordinarios en cuatro niveles:
Infestación: afecta a lugares, objetos o animales.
Opresión: se manifiesta a través de desgracias, dolencias o dificultades sin causa aparente.
Obsesión: asedia la mente mediante pensamientos o tormentos persistentes.
Posesión: situación en la que existe una acción directa sobre el cuerpo de la persona.
Incluso en el grado más severo, el primer paso radica en solicitar ayuda espiritual, oración comunitaria y un discernimiento riguroso. Normalizar este proceso permite disipar temores infundados. Conviene recordar que la tentación cotidiana constituye el terreno donde mayor daño se produce, siendo los fenómenos extraordinarios únicamente la manifestación visible de un combate diario.
La necesidad de intercesión y atención diocesana
La solemnidad de Todos los Santos representa una ocasión idónea para invocar la intercesión de la Iglesia triunfante y solicitar que cada diócesis cuente con el nombramiento formal de un exorcista, encomendando a la protección de San Miguel Arcángel la custodia de los fieles para que la intervención extraordinaria no sea necesaria.