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Santiago

El origen del monstruo: la figura del incesto, la psicopatía y la metamorfosis del Alma mula y el Kakuy (Hibridación mitológica)

Por Juan Alejandro Barraza

Por Juan Alejandro Barraza - Sociólogo. 

Al repasar el valioso archivo del decano de la prensa norteña, en este nuevo aniversario de sus 128 años, es imposible no evocar aquellas publicaciones que grabaron en tinta el eco de nuestras creencias más profundas: desde el desgarrador e inmortal lamento del Kakuy, el ave nacido del dolor y el desprecio fraternal, hasta el terrorífico galope nocturno del Alma mula, aquella mítica condena que arrastra sus cadenas por los callejones santiagueños. Sin embargo, en las siguientes páginas trataré de fusionar e hibridar, con el debido respeto que se merecen estas dos emblemáticas y míticas leyendas santiagueñas, enfocadas desde una perspectiva, por así decirlo, de la antropología criminal, psicología forense y la criminología, orientados hacia los cinéfilos fascinados y consumidores de los thrillers de terror y la fantasía.

El folklore del noroeste argentino suele explicarse desde la moraleja mítica o el castigo divino. No obstante, si despojamos a las leyendas del monte santiagueño de sus velos fantásticos y las observamos a través del prisma de la criminología moderna, la perfilación de la conducta y la psiquiatría forense, nos encontramos con un escenario aterrador: la génesis de un asesino en serie en un entorno de aislamiento absoluto.

Sinopsis de la leyenda original de Kakuy:

Se trataba de dos hermanos huérfanos que vivían en el monte santiagueño. El hermano era bondadoso, trabajador y protector, y se encargaba de conseguir comida y miel para ambos. La hermana era cruel, egoísta y lo maltrataba constantemente. El joven tras soportar múltiples desprecios, como derramarle el agua o la comida que le pedía, decidió darle un escarmiento. Urdiendo un plan, decide llevarla al bosque mediante engaños, hacer que suba al árbol más alto y abandonarla a su suerte.

En el corazón del monte, alejados de cualquier norma o costumbre institucionalizada, habitan dos hermanos huérfanos con una estructura familiar rota desde el origen, un estilo (Hansel y Gretel) con la diferencia que los padres de estos últimos fueron sacrificados por un aquelarre de brujas malvadas. Es así que en este microclima asfixiante florecen dos perfiles psicológicos diametralmente opuestos y complementarios. Por un lado la hermana, un personaje con ciertos trastornos, ejerce manipulación constante, es dominante, impulsiva, presenta distorsiones cognitivas con la realidad, algunas alucinaciones porque escucha voces y ve imágenes distorsionadas de su hermano que la motivan al maltrato y conductas psicóticas, careciendo completamente de empatía y remordimiento. Su necesidad de control sobre su hermano trasciende el abuso cotidiano y se convierte en una fijación posesiva. Su manipulación no tiene límites morales ni biológicos. Por otro lado, su hermano, el típico calculador u observador silencioso. Presentado externamente como el "bueno", el encantador, el trabajador, el responsable, el respetuoso y sumiso. Pues, bajo esa máscara de fragilidad habita una mente analítica e inteligente, resentida, cansada de los abusos, maltrato y perversidades de su misma hermana de sangre. Que en dicha pasividad, alimenta oscuras fantasías que no es su bondad cotidiana; es como una fase, en la cual se incuba internamente algo más siniestro y perturbador.

Sinopsis de el Alma mula:

El Almamula es el alma en pena de una mujer que cometió pecados sexuales gravísimos, tradicionalmente relacionados con el incesto (relaciones con su padre, hermano o un sacerdote de la comunidad). Como castigo divino por romper estos tabúes morales y religiosos, la mujer es condenada en vida a transformarse por las noches de los martes y viernes en una mula de color negro o gris oscuro. La criatura deambula por los montes y los bordes de los pueblos arrastrando pesadas cadenas. El monstruo busca desesperadamente liberarse de su castigo, descargando su furia contra cualquiera que se cruce en su camino. Los hallazgos de las víctimas tras los ataques son de una violencia extrema. Las historias describen populares el estado de los cuerpos hallados manteniendo el mismo patrón: con sus grandes dientes de sable trituraba los huesos de sus víctimas, por la misma naturaleza sexual de su pecado mutilaba los órganos femeninos y por emasculación a los hombres, desgarramiento de los órganos del estómago y del pecho con algunas decapitaciones, dejando los cuerpos irreconocibles. En las escenas de los crímenes también se encontraron marcas de cadenas en sus víctimas, precisamente, quemaduras en la piel causadas por las pesadas cadenas que arrastraba, equivalente a una firma asesina.

Tras este panorama macabro, el aislamiento del paraje rural transforma la convivencia en un laboratorio del terror, incubando un terreno para la mayor transgresión social y moral: la figura del incesto. Este último concepto analizado por el maestro del psicoanálisis Sigmund Freud, el tabú del incesto existe precisamente porque los seres humanos sienten de forma innata atracción hacia sus parientes. Como la sociedad no puede permitir la endogamia, impone esta prohibición para frenar esos impulsos peligrosos. La creación de un ser sobrenatural (Almamula), rompe el tabú que funciona como desencadenante traumático y psicótico. Durante las noches de encierro, en el hogar de los hermanos huérfanos, su hermana busca sigilosamente proximidad e intimidada de carácter sexual con su hermano, sin dejar de perder el control sobre él, aprovechando su estado de indefensión mientras él duerme. Poseída por la maldad más su cuadro psicótico de alucinación, necesita su otra mitad para su transformación, funcionando la magia solo con lazos lujuriosos de sangre. La unión incestuosa actúa como un catalizador psíquico: la culpa reprimida, la lujuria y la monstruosidad de la transgresión se somatizan y disocian, dando lugar a la conversión en una criatura abominable. Según Garrido (2020), los cuentos y leyendas como Frankenstein, Drácula, el hombre lobo y otros monstruos, son la perfecta metáfora de la maldad humana.

Cuenta la leyenda, que en las noches de luna, algunas versiones mencionan los días martes y viernes, hace su aparición un monstruo mezcla de humano y mula, una figura mítica similar al centauro, aterrorizando a los ranchos vecinos, dejando a su paso un mar de sangre y mutilaciones cobrándose entre una o dos víctimas por noche, equivalente al patrón de un asesino en serie desorganizado: no hay planificación en los ataques, sino una descarga brutal de frenesí bestial. Para los pobladores que conviven con la superstición, se trata de una maldición del monte que debe ser eliminada cortándoles las orejas o realizando un corte en el frente, de esa forma la criatura volverá a su estado humano. Por el contrario, para la ciencia criminológica y la perfilación de la conducta criminal se deberá analizar al agresor en base a probabilidades, induciendo que se debe tratar de un individuo con rasgos claros y definidos de personalidad antisocial, que no parara de matar hasta ser capturado o en última instancia eliminado. 

Sin embargo, a diferencia de su hermana, quien vive el frenesí sin remordimiento sin conciencia ni registro claro de las consecuencias, el hermano conserva la conciencia e inteligencia intacta, su integración como personalidad psicopática fue evidente tras internalizar por el transcurso del tiempo el comportamiento inestable de su hermana hasta transformarse en su verdugo. Él sabe lo que hijo. Sabe que cada noche de pecado da a luz a la bestia asesina, y sale a matar. Su mente calculadora comprende que hay una sola forma de detener el ciclo de sangre y liberarse del yugo tóxico que lo consume, eliminar la causa raíz. No puedes matar a la bestia sin eliminar a su hermana. El desenlace no es un impulso desorganizado; es la ejecución fría de un plan trazado por la mente más peligrosa de las dos. Él, en la premeditación de su plan intenta engañarla, convence a su hermana de adentrarse en el monte profundo, simulando una rutina de trabajo o búsqueda de miel en lo alto de los árboles. Mediante un juego astuto, logra que ella trepe a la copa de un árbol majestuoso. Mientras ella espera arriba, él corta las ramas inferiores y se retira en silencio, dejándola atrapada en la inmensidad de la nada.

Al final y abandonada a su suerte, hambrienta y consumida por la rabia de verso superada por el hermano que creía dominar, la mente de la hermana se quiebra definitivamente. Su grito desgarrador de abandono deja de ser humano, mientras gritaba y suplicaba ayuda a su hermano, Kakuy! ¡Turay! ¡Turay! ¡Turay!. En este segundo proceso metamórfico, se manifiesta el nacimiento de otra criatura, el Kakuy. Es la metamorfosis final de la manipuladora convertida en un ave solitaria que clama eternamente en la noche del monte "Turay, Turay" - ¡Hermano, Hermano!.

Resumen, análisis y explicación de esta hibridación mítica 

El lado fantástico y alegórico de esta relectura, demuestra cómo la sabiduría popular se condensa en dos mitos emblemáticos (el Almamula y el Kakuy) una tragedia humana de violencia, incesto y entuertos psicológicos. El hermano no solo logró liberarse de la bestia asesina que sembraba el terror a los lugareños, sino que condenó y liberó la maldad de su victimaria, a una prisión eterna en la copa de los árboles, transformando un caso criminal de monte en una leyenda inmortal. 

Ahora bien, dejando de lado la venda fantástica de ambas alegorías, la criminología por medio del análisis e investigación de la conducta, hipotetiza un diseño distinto, realista y paradigmático. 

El hermano (Sami=Feliz), psicópata integrado, camuflándose socialmente ante los ojos de los pueblerinos como bueno, servicial, educado, trabajador, responsable y que trabaja incansablemente para llevar el pan a su hogar, es realmente el autor de los crímenes espeluznantes. Al saber los vecinos que su hermana (Sisa=Flor) no está bien de sus cabales mentales tras su comportamiento abusivo, con actitud de desprecio y maltratos para con su hermano, Sami elucubra el mito del Alma anima a sabiendas que las personas del lugar le creerían a él y no a su hermana por su comportamiento errático. Sabe cómo psicópata, que de esta forma nunca lo atraparian por sus asesinatos. 

Entonces inicia su macabro plan. Utilizó algunos caballos negros de su propiedad con cadenas al cuello. Partes de la cadena que arrastran el animal elegido, le prendía fuego con yesca y lo liberaba del establo durante las noches de luna llena para simular un monstruo que viene de las tinieblas en un intento de amañar y despistar a las personas, mientras él en otro lugar atacaba a su próxima víctima, desvaneciéndose por completo la temible figura de la mula fantasmagórica. Para evitar que su hna. Sisa lo delatase, porque ésta, en estados intermitentes de conciencia, sabía sobre los instintos oscuros, perversos e irrefrenables que lo aquejaban, Sami planifica deshacerse de ella llevándola al monte, inventado de esta manera la fantástica leyenda de la transformación en pájaro: el Kakuy. 

Perfil criminal del hermano: un asesino en serie sádico, organizado, carente totalmente de empatía y remordimientos, acechaba, mataba, mutilaba abriéndolas en canal a cada una de sus víctimas, arrancando partes de sus órganos sexuales y del estómago. Aparte del elemento corto punzantes que utilizaba para desmembrar, dejaba marcas de cadenas en el cuello y en partes del cuerpo de sus víctimas, ambas armas homicidas formaban parte de su kit asesino. 

Sami era astuto, calculador, sigiloso, había estudiado perfectamente la geografía del lugar ya sus habitantes, su idiosincrasia, costumbres, valores, y lo supersticiosos que eran. Según datos reportados, había conversado con brujos del lugar, que le comentaron sobre el mula fantasma que es producto de lazos entre pariente de sangre, fenómeno que la gente le temía como también la superstición del Kakuy o Urutaú. Los lugareños sabían de la vida de cada uno de sus vecinos, el chisme y las habladurías era moneda corriente, por esta razón Sami, sembró la idea del tabú del incesto a un "amigo" de la zona y este fisgoneo el dato, su castigo divino y la bestia, y, por supuesto, como debería integrarse para urdir su macabro plan sin ser detectado. 

La maldad humana, es la fuerza ruina y abominable que forma parte de nuestra naturaleza por el solo hecho de ser seres humanos incompletos e imperfectos. Esta ocupa un reducto en lo más íntimo de cada persona, aflorando la conducta abyecta en los distintos niveles ante oscuras y perversas fantasías.

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