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Santiago

Ciento veintiocho años de tinta y de memoria

Imagen creada con IA

"Un diario que sigue de pie es, en una provincia, algo más que un negocio periodístico: es un archivo vivo, una plaza de debate y un testigo".

El 3 de noviembre de 1898, en una Santiago del Estero que apenas empezaba a asomarse al siglo XX, Juan Figueroa puso en circulación el primer número de EL LIBERAL. Nadie podía saber entonces que aquella apuesta modesta, hecha con escasos recursos y mucha convicción, acompañaría a la provincia durante ciento veintiocho años. Hoy, cuando la mayoría de las instituciones de aquella época sobrevive solo en los libros de historia, este diario sigue llegando a la mesa de los santiagueños.

Permanecer no es un mérito menor. Un diario se escribe todos los días, y cada día hay que ganarse de nuevo la confianza del lector. Ese ejercicio, repetido durante más de un siglo, a través de crisis económicas, cambios políticos, transformaciones tecnológicas y épocas de enorme tensión, explica por qué EL LIBERAL es reconocido como decano de la prensa del norte argentino. La antigüedad, por sí sola, no garantiza nada. Lo que la vuelve valiosa es haber sabido conservar una identidad mientras todo alrededor cambiaba.

Para mí, la fecha tiene además un sentido íntimo. Mi padre, Omar Cipolatti, escribió durante muchos años en sus páginas. Recuerdo lo que significaba, en casa, ver un artículo firmado por él: la responsabilidad de ponerle nombre y apellido a una opinión, la disciplina de la palabra medida, el respeto por un lector al que se le debe claridad y no estridencia. Aprendí de él que escribir en un diario no es un lujo ni una vanidad, sino un compromiso con la comunidad.

Ese legado me alcanzó más tarde. Como abogado, tuve el privilegio de publicar en EL LIBERAL innumerables artículos sobre temas vinculados al derecho. Siempre sostuve que el derecho que no se explica a la gente queda reducido a un asunto de especialistas, y que una sociedad desinformada sobre sus derechos es una sociedad más vulnerable. Un diario de alcance provincial permitió que una consulta de escritorio se convirtiera en una conversación pública. Ese espacio de divulgación, abierto y plural, es una de las contribuciones menos visibles y más importantes que hace la prensa escrita a la vida institucional.

Esto conduce a lo verdaderamente relevante de este aniversario: por qué importa que el diario siga vigente hoy. Vivimos rodeados de información, pero no necesariamente bien informados. Las redes sociales ofrecen inmediatez; rara vez ofrecen verificación, contexto o responsabilidad. En ese paisaje, un medio con redacción profesional, con editores que responden por lo que publican y con una trayectoria que lo compromete frente a sus lectores, cumple una función casi de infraestructura democrática. Detrás de cada nota hay alguien que fue a ver, a preguntar, a contrastar. Y cuando se equivoca, hay una dirección a la cual reclamar.

La prensa local cumple, además, un papel que ningún medio de alcance nacional puede reemplazar. Cuenta lo que ocurre en los barrios, en La Banda, en Las Termas, en el interior profundo de la provincia. Registra las celebraciones de los pueblos, los reclamos de los vecinos, los logros del deporte, las discusiones del foro, los debates de la política. Es la memoria cotidiana de un territorio. Si ese registro se interrumpiera, no solo perderíamos una fuente de noticias: perderíamos la posibilidad de que las futuras generaciones sepan cómo vivimos y qué nos importó.

Es justo reconocer también que EL LIBERAL ha sabido adaptarse. Pasó del papel a la pantalla sin renunciar al papel, incorporó el color, abrió sus ediciones digitales y hoy informa minuto a minuto sin abandonar la edición impresa. Esa capacidad de transformarse sin perder el rumbo es quizás la lección más útil que puede dar una institución longeva: la fidelidad a los principios no depende del soporte.

Nada de esto es posible sin las personas. Detrás de cada edición hay periodistas, fotógrafos, correctores, diagramadores, personal de imprenta y distribución, que trabajan muchas veces de madrugada para que el lector encuentre su diario a la mañana. A todos ellos, y a quienes lo dirigen, corresponde hoy un reconocimiento sincero. Y también a los lectores, que con su fidelidad sostienen lo que ningún decreto podría sostener.

Por eso, más que una felicitación, este aniversario merece una reflexión. Una comunidad que cuida a sus medios cuida su propia capacidad de pensarse, de discutir con respeto y de pedir cuentas a quienes ejercen el poder. Cuidar a EL LIBERAL es, en definitiva, cuidar un bien común.

Mi agradecimiento personal es sencillo. Este diario le dio un espacio a la palabra de mi padre y, años después, a la mía. Espero que siga haciéndolo, con muchas otras voces, durante mucho tiempo más.

Ciento veintiocho años después de aquel primer número, deseo que EL LIBERAL siga siendo lo que ha sido: un diario que informa, que debate y que recuerda. Que cumpla muchos aniversarios más.

Omar Carlos Santiago Cipolatti

Abogado. Docente Universitario. Ex Magistrado del Poder Judicial de la provincia. Funcionario judicial de la Justicia Federal.

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