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Opinión

El paradigma educativo de León XIV en Magnífica Humanitas

Papa León XIV (Foto: Instagram / @pontifex)

Por Guillermo Jensen y Ayelén Tomasini.

La educación básica y superior se encuentra transitando tiempos de cambios profundos y veloces, que desafiaban a los paradigmas y estructuras existentes. A las cuestiones propias del sistema educativo argentino, se suma la influencia de fenómenos globales que repercuten directamente en nuestra realidad local, como el uso de la tecnología en las aulas, el decrecimiento demográfico y el futuro de la enseñanza y el aprendizaje en una era marcada por el auge de la IA. 

Con la visita del papa León XIV a nuestro país en la cuenta regresiva, resulta oportuno recuperar algunos de los aportes educativos de su reciente encíclica Magnífica Humanitas. Este documento destina unos pocos pero sustanciosos párrafos a tratar los desafíos de la educación en este contexto epocal en particular. Hay tres aspectos puntuales del pensamiento del Santo Padre sobre la educación que merecen especial atención.

En primer lugar, el Papa nos advierte que "[l]os procesos educativos, requieren tiempo para madurar […] La rapidez y la facilidad con la que se obtiene una respuesta o síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que solo da fruto con el tiempo". De esta forma, el Papa nos advierte de una disonancia temporal entre lo necesario para la maduración del proceso educativo y la inmediata de las respuestas de IA, que tiene el potencial de adormecer las inquietudes y desalentar los procesos de búsqueda y reflexión.

En segundo lugar, León XIV pone especial atención al espacio en el cual se desarrolla la educación. Remarca el rol central que sigue teniendo la escuela como ámbito en el cual los jóvenes pueden aprender a buscar y amar la verdad, relacionarse y reconocer la dignidad de cada persona. Asimismo, y en concordancia con la Doctrina Social de la Iglesia, nos recuerda que "Los padres tienen el primario e inalienable derecho de elegir el tipo de educación y formación que se imparte a sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas". La escuela tiene un papel fundamental en este contexto de aceleración informativa, pues "no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones confiables"

Finalmente, el actual pontífice nos señala cuáles son los desafíos educativos más relevantes de nuestro tiempo. En primer lugar, el acceso a la educación, ya sea pública o privada. En segundo término, el reto pedagógico dado por la disonancia entre la velocidad de los cambios tecnológicos y la formación integral de los alumnos. Por último, el desafío sapiencial que implica evitar que el flujo veloz y constante de información sustituya "el ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento". 

León XIV nos invita a una alianza educativa renovada, en donde familias, instituciones educativas e instituciones públicas se orientan hacia objetivos concretos: "educar en la sobriedad y en el sentido de los límites; educar en el reconocimiento del derecho del otro y de quienes vendrán después de nosotros a disfrutar de los bienes que nos han sido dados, o que el ingenio humano pone a nuestra disposición; educar en la libertad y en la responsabilidad; educar en el sentido de la trascendencia y del bien común". Asimismo, y en el marco de su reciente viaje apostólico a España, el Santo Padre hizo especial énfasis en evitar cualquier confrontación y en favorecer un vínculo virtuoso entre familia y escuela, pues las instituciones educativas son colaboradoras indispensables en la formación integral de los jóvenes. Correctamente orientadas, las escuelas pueden ayudar a pensar críticamente, a buscar la verdad en tiempos de descreimiento ya adquirir valores sólidos que acompañen a las personas a lo largo de sus vidas. 

El papa León XIV tiene una especial sensibilidad hacia lo educativo . Sus aportes previos al Pacto Educativo Global en su Carta apostólica Diseñar Nuevos Mapas de Esperanza y la recuperación de la figura y la obra de San John Henry Newman, especialmente relevantes para el ámbito universitario, así lo demuestran. No tenemos dudas de que su reciente encíclica puede ayudarnos a enfrentar mejor los retos que tenemos por delante. Su próxima visita es también una invitación a estar atentos a su pensamiento sobre la educación como espacio profético por sus esperanzadas y profundas reflexiones sobre la interioridad, la digitalización y la paz. 

Guillermo E. Jensen

Coordinador de la Cátedra John Henry Newman (USAL)

Ayelén A. Tomasini

 Presidenta de la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina.

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