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Santiago

Crónica de la brújula rota

Por Belén Cianferoni. 

Buenas, hoy las letras tardaron en entrar en calor. Soy una escritora de método y observación. No creo en la inspiración. Siento que el texto se construye una letra tras otra. A veces pesan más, a veces fluyen. Es algo que depende de horas de vuelo.

Aunque hay aunques.Hoy me está costando muchísimo, y es posible que en mi viaje no los lleve a buen puerto. Sinceramente, no sé dónde estoy ni hacia dónde voy porque tengo la brújula rota.

Hace unos días una mariposa se fue a volar a otros prados y perdí la guía, mientras el viento nos está empujando por todos lados.

Se me fue Lucy Torres con el viento. ¿Adónde se habrá ido esa chinita pistera de ojos azules color Tipiro?

Duele, che. Duele.

Estoy creciendo y veo cómo las personas que amo se van despidiendo. Estoy viendo cómo una abuela enseña a su nieta a coser, pienso en la mía enseñándome a bordar y en Lucy moviendo sus dedos, haciendo aparecer mensajes para un mundo mejor.Ay, niña. ¿Por dónde andarás?

Reitero que las palabras curan, tanto para el que lee como para el que escribe. Aunque hoy no estoy muy segura de que alcancen. 

A veces una escribe y las palabras se quedan ahí, sentaditas, sin saber muy bien qué hacer con tanto dolor.

Estoy tomando mate mientras el viento intenta llevar mi pelo y la tierra se levanta como un fantasma sobre mi ciudad. Hoy el verde está de luto.

Miro el mate, el mate me mira a mí y me dice que ya está, que caliente el agua... 

Y que Luciana hubiera querido que tome un mate rico, no lavado.

Bebiendo lágrimas, como dice la canción. Así estoy.

Y pienso que hay personas que se vuelven parte del paisaje. No porque dejen de ser extraordinarias, sino porque una se acostumbra a encontrarlas en el camino. En una conversación, en un gesto, en una idea, en esa manera tan suya de mirar el mundo. Después un día levantás la vista y ya no están. Y el paisaje, que parecía el mismo, se vuelve otro.

No sé cómo se sigue cuando se pierde a alguien que todavía tenía tantas cosas para hacer, tantos mensajes por escribir y tanto mundo por mejorar. No tengo una frase sabia para esto. Tampoco quiero inventarla.

Por ahora voy a cebarme otro mate. Voy a dejar que el viento haga lo que quiera con mi pelo y que la tierra se acomode cuando pueda.

Quizás mañana encuentre el norte. Hoy no.

Hoy solamente sé que tuve la suerte de cruzarme con Lucy Torres. Y que hay personas que, aun cuando se van a volar a otros prados, nos dejan para siempre el cielo un poquito más grande.

Buen viaje, chinita. Aqui vamos a seguir intentando un mundo mejor. 

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