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El gorrión y el niño dormido

29/10/2016 20:30 Viceversa
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El gorrión y el niño dormido El gorrión y el niño dormido

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Los primero rayos del sol de aquella mañana

de invierno, luego de filtrarse por entre

las hojas de las plantas, fueron a depositarse

sobre su humanidad aparentemente

dormida. ¡Su cuerpecito de niño dormido...!

con las manos pretendía formar un

circulo, atrapando a su alrededor ese trozo

de vida que, para él, se reducía a esos cuantos

trapos que abrigaban su desnudez... a

algo que en una época quiso ser calzado para

sus pies, y que, con el paso del tiempo,

cansado de tanto andar, se dejó estar, y como

un pájaro que abre sus alas, como una

boca abierta en protesta, dejó escapar unos

dedos rosados y tiernos, que pugnaban por

escapar en búsqueda de la tan ansiada libertad..

Sus prietas manecitas atrapaban entre

sus dedos, unas monedas logradas vaya a

saberse cómo; un pedazo de pan, ya duro

por el frío, y sus ojos inocentes miraban fijos

un cielo del que había sentido comentarios,

acerca de una mansión con jardines,

de flores eternas y bellas, de mesas con

abundantes y exquisitos manjares, y al que

en tantas ocasiones había soñado conocer.

A su alrededor, la vida seguía su curso...

Las altas rejas de la catedral permanecían

cerradas, como celosos guardianes

que cuidan el ingreso no deseado a su interior.

Marcaban lo prohibido y lo permitido.

Un gorrión, tan inocente como ese niño

dormido, picoteaba las migajas que habían

caído a su alrededor y como jugueteando

con su picotear, parecía querer transmitirle

vida... esa vida que hacía rato, y en una

noche sin testigos, en una madrugada como

tantas otras, con la única compañía de

su soledad, de su inocencia, de su tristeza

sin fin, su orfandad que le golpeaba, cansadas

de tanto peregrinar, habían decidido,

ellas, como los demás, abandonarlo...

Y, a pesar de la frialdad que envolvía

a su pequeña, pero tan castigada humanidad

sus labios dejaban esbozar una

sonrisa tibia y feliz, como una plegaria

de gratitud, hacia ese Dios que le extendió

sus brazos para recogerlo...

La mañana crecía en tiempo. Los pájaros

en las copas de los arboles iniciaban

bulliciosamente un nuevo día.

En el interior del templo, un Cristo

desde su cruz, dejaba escapar una

lágrima.?

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