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EL LIBERAL . El Evangelio

“También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado”

04/09/2018 21:38 El Evangelio
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“También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado” “También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado”

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En

aquel tiempo, al salir Jesús

de la sinagoga, entró en casa

de Simón. La suegra de

Simón estaba con fiebre muy

alta y le pidieron que hiciera

algo por ella. él, de pie a

su lado, increpó a la fiebre,

y se le pasó; ella, levantándose

en seguida, se puso a

servirles. Al ponerse el sol,

los que tenían enfermos con

el mal que fuera se los llevaban;

y él, poniendo las manos

sobre cada uno, los iba

curando.

De muchos de ellos salían

también demonios, que gritaban:

“Tú eres el Hijo de Dios”.

Los increpaba y no les dejaba

hablar, porque sabían que

él era el Mesías.

Al hacerse de día, salió a

un lugar solitario. La gente

lo andaba buscando; dieron

con él e intentaban retenerlo

para que no se les fuese.

Pero él les dijo: “También

a los otros pueblos tengo que

anunciarles el reino de Dios,

para eso me han enviado”.

Y predicaba en las sinagogas

de Judea.

Comentario

“Tengo que anunciar el

Reino de Dios”, parece el eslogan

de la campaña o, mejor,

de la vida entera de Jesús.

Y lo hace, ante todo, humanizando

al hombre. Hoy lo

vemos curando a todos: comienza

con la suegra de Simón,

sigue con los enfermos

y acaba con los endemoniados.

Aquí sí que se cumple

bien el tiempo de gracia que

anunció en Nazaret, no mucho

tiempo atrás. Hasta en

el modo de las sanaciones se

nos revela un estilo evangélico.

Apunta el evangelista

dos detalles significativos:

la suegra de Simón, una vez

curada, en seguida se pone

a servir; y Jesús les imponía

las manos uno por uno, personalmente.

En contraste, siempre al

acecho, se cuela el egoísmo

de la gente que pretende

retener a Jesús. No quieren

que se les escapen tantos favores.

El apropiarse de Dios,

de la religión, es una tentación

sutil pero arraigada. Jesús,

sin embargo, corta rápido:

‘He de ir a otros pueblos,

para eso he venido’. Su misión

universal está muy clara.

Lo que en Jesús sucede

con tanta naturalidad en sus

seguidores, según atestigua

la experiencia, es difícil. Es

difícil lograr ese equilibrio de

humanizar el mundo sin menguar

la santidad del trabajador

del Reino.

Eva n g e l i z a r ya n o e s

anunciar a Jesucristo para,

después, sanar. Como en Jesús,

predicar el Evangelio es

no saber en dónde comienza

la palabra y en dónde termina

el imponer las manos para

sanar.

Al hilo del relato de hoy,

no estará mal darnos un toque

sobre esos valores del

discípulo de Jesús: Somos

enviados, servidores, sólo

queremos servir a la causa

de Jesús en los demás.

Y, como Jesús que imponía

las manos uno a uno, miramos

a todos de una manera

personal, cercana, dándole

importancia a cada uno, como

expresión de amor cristiano.

Y, por supuesto, no nos

empeñemos en “retener” a

Jesús, a Dios, a la religión.

En el anonimato de las redes

sociales, se ve a gente

que pretende echar de la

Iglesia a los que no piensan

como ellos. Eso es manipular

y querer apropiarse de Dios.

Qué poco queremos a Dios,

cuando lo achicamos de tal

manera.

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