Iván Figueroa: “Me ofrecieron un tinto, no lo acepté, porque pensé que era vino” Iván Figueroa: “Me ofrecieron un tinto, no lo acepté, porque pensé que era vino”
Por Daniel Vera
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¡Que grande que es Iván!, Cada vez que uno tiene la posibilidad de hablar con él, difícilmente se despida sin que le saque al otro una sonrisa. Tiene un enorme sentido del humor y utiliza cada palabra en el lugar que le corresponde. Es un fanático hincha de Boca Juniors y un hombre que supo vencer la adversidad con lo muy inteligente que es.
Fue campeón del mundo con la selección argentina de fútbol para ciegos (los denominados Murciélagos) y hoy tiene una familia que lo sostiene y lo cuida como ninguno.
¿Qué quieres saber de mí?, fue lo primero que dijo cuando se le propuso contar sus anécdotas. Y vaya si no las tenía.
“Tengo muchas en mi carrera, pero las que recuerdo ahora son dos”, comentó.
Teléfono mediante empezó: “Creo que era mi primer o segundo viaje con la selección. Fue en el 2003 después de consagrarnos campeones del mundo en Brasil. Estábamos en Colombia para jugar la Copa América y con toda la alegría encima porque veníamos de obtener un título mundial”.
Pero yendo al grano, Iván afirmó: “Un día bajé del hotel para hablar por teléfono con mi familia y cuando terminé, el conserje me preguntó si deseaba un tintito. Lo miré sorprendido y le dije que no”.
Al día siguiente se repitió la historia. “Yo había bajado con Lucas Rodríguez (un compañero del equipo) y otra vez el conserje, me vuelve a insistir con el tinto y le agradecí, pero le dije que yo no tomaba alcohol. Fue ahí cuando mi compañero me avisa que en Colombia le dicen tinto al café. Qué moco que me mandé por mi ignorancia”.
La segunda historia de Iván también tiene un tinte humorístico.
La odisea de Atenas
“Esto fue en los Paralímpicos de Atenas 2004, Grecia. Después de cenar y tomar un café con dos compañeros (Martín y Oscar Moreno) en el comedor de la Villa Olímpica, decidimos volver para descansar. Habíamos llegado ese día a la ciudad y por la tarde noche”, apuntó Iván.
Pero luego pasó algo que jamás se imaginaron los tres integrantes de los Murciélagos.
“El departamento de nosotros estaba frente al de los cubanos. Y el punto de referencia era la bandera gigante de Cuba que identificaba el lugar. Empezamos a caminar y a charlar y llegó un momento que ya lo habíamos hecho bastante. Fue ahí que Martín, que en teoría conocía el camino del regreso, nos avisa que estábamos perdidos”.
La aparición del profesor de atletismo de la Federación Argentina, los salvó.
“Ya habíamos hecho como 50 minutos entre ir y volver por el mismo recorrido de la Villa y ahí supimos que la bandera de Cuba se había caído con el viento para la parte interior del balcón. Fue muy gracioso porque estuvimos un buen rato dando vuelta sin poder encontrar nuestro departamento”, concluyó.
Así es Iván, un deportista especial que es motivo de orgullo de los santiagueños. l








