Una vecina dijo que no les permitían hablar con los pasajeros del alojamiento Una vecina dijo que no les permitían hablar con los pasajeros del alojamiento
Sobre sus recuerdos de infancia, rememoró: “Ahí no entraba nadie (del pueblo). Yo soy descendiente de suizo-alemán y mi papá era panadero, de todo el pueblo los únicos que entrábamos éramos nosotros. Después ellos tenían todo: matadero, usina eléctrica, consultorio médico, dentista, banco, lanchas, autos de alquiler, que sacaban a la gente a pasear. Pero era muy cerrado, los empleados no dejaban hablar con ninguno de los pasajeros. Era una cosa muy aislada”.
En cuanto a los pasajeros, relató: “No sé si eran alemanes, pero claro no era gente conocida, era gente de Buenos Aires casi todos los que venían. Era de la misma época del hotel Edén en La Falda. Yo lo vi por dentro, era una maravilla eso, un gran lujo, mucho mármol, tenía dos ascensores, había cuadros, arañas de bronce, los sótanos estaban llenos de vajillas y cosas, pero después se perdió mucho con el tiempo”.
Consultada sobre las historias que se tejen alrededor del lujoso establecimiento, la señora Smutt explicó: “Se decía que a ese hotel lo hicieron los nazis antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial. Para mí es como si lo hubieran hecho para internación, porque tenía de todo, como un centro termal aparte, que era una maravilla, sala de lectura, que es lo primero que tiró el agua en la inundación”.
Comentarios
Consultada sobre si conoce el aspecto tenebroso de la historia del hotel, respondió afirmativamente: “Sí, por supuesto. Yo soy nacida acá, así que lo he visto cuando lo edificaban. Lo último que estuvo fue el casino”, luego reveló que “la gente está chocha con esas historias que cuentan”, lo que repercute favorablemente en el turismo local: “Y mucha gente viene nada más que a ver y escuchar la historia del hotel Viena.







