Evangelio según San Mateo 13,44-46.

02/08/2017 - Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró”. Comentario Hoy Jesús nos vuelve a hablar del Reino de Dios. Se ve que es el tema de la semana. En realidad, la humanidad siempre ha buscado “el secreto de la felicidad”, “‘la piedra de la sabiduría”, “el elixir de la eterna juventud”... “‘el tesoro”. Pues bien, Jesús dice que eso, encontrar el tesoro de la vida y el secreto de la existencia, es como encontrar el Reino. El que lo encuentra, es capaz de dejarlo todo por ello. Su rostro se vuelve luminoso, como el de Moisés (”contempladlo, y quedaréis radiantes”, dice un Salmo). Sus manos se abren, para dar y recibir. Su corazón se esponja, con un sitio para todos. La vida se vuelve confianza, en la salud y en la enfermedad. El mundo se transforma en la casa de todos. El futuro se contempla con esperanza... “Reino de Dios”. Los dos términos son importantes. Porque el Reino no es anónimo, sino que tiene un Padre, alguien para quien somos alguien, con nombre, con historia, con futuro. Y “Dios del Reino”, porque no es un Dios aislado, alejado, abstraído... Es un Dios que se da a la humanidad, que inaugura un reinado nuevo, que se preocupa por todos. “Venga tu Reino, Señor. Venga a nosotros y que lo acojamos, lo amasemos y lo repartamos a manos llenas”.

 
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