Puntos de Vista LIC. PAULA BARRERA NICHOLSON (Psicopedagoga)

“Lo mejor que podemos hacer como padres es acercarnos a nuestros hijos, mirarlos, escucharlos, contenerlos y acompañarlos”

20/08/2017 -

El Día del Niño es conmemorar un día en el que se reflexiona y se tiene en cuenta las características específicas del infante. En la Edad Media el niño era considerado un adulto en miniatura, luego de diferentes convenciones se le reconoce al niño características evolutivas y psicológicas propias de la edad, diferentes a la del adulto. Con eso empiezan a reconocerles todos los derechos.

Por otro lado, pienso que el mejor regalo que uno le puede hacer al niño es amor. El niño nace en un estado de indefensión biológica y psicológica, que se va a ir conformando a lo largo del contacto y la relación permanente, que generará un vínculo con el otro, por lo general con quien cumple la función materna. Ese vínculo tiene que mostrarse de una manera cotidiana y previsible, que significa que frente a determinadas situaciones de demanda haya otro que pueda responder a esa demanda, que suele ser biológica al principio, pero que después tiene que ver con lo psicológico y emocional.

Entonces, en este mundo tan convulsionado en que vivimos y en que hay una demanda permanente de responder de forma instantánea al deseo del otro, está bueno que como padres y educadores podamos ir construyendo y fortaleciendo en él la inteligencia emocional.

La inteligencia emocional está conformada por dos tipos de inteligencias intrapersonal e interpersonal. La primera le permite al sujeto autoregular sus emociones, es decir, saber qué me pasa y cómo reaccionar de manera ecuánime. La segunda tiene que ver con la capacidad de empatía, poder ponerme en el lugar del otro y comprender lo que el otro está sintiendo.

En la medida en que esa inteligencia se desarrolle, cuestiones como la invasión de la tecnología, van a poder ser utilizadas de manera acorde y sin que invada ni supla la relación con el otro.

Cuando una persona está en situación de desesperanza, frente a un hijo por ejemplo, lo que más necesitamos es la contención emocional. Entonces, vemos que lo emocional es importante y fundante en el sujeto.

Lo mejor que podemos hacer como padres es acercarnos a nuestros hijos, mirarlos, escucharlos, contenerlos y acompañarlos a interpretar el mundo, porque ellos todavía no tienen la capacidad ni los esquemas mentales para hacerlo. Con ese acompañamiento le vamos enseñando cómo enfrentarse a las buenas y no tan buenas situaciones de la vida.

Ausencia

Si las ausencias de los padres son muy tempranas esto los marca, lamentablemente, para toda la vida, generando incluso estructuras psíquicas muy complejas en cuanto a patologías. No siempre los padres cumplen esa función, pero hay otros que sí lo hacen. Si no hay alguien que contenga emocionalmente, el sujeto no podrá seguir.

A veces no hay demasiado tiempo porque hay una exigencia social y económica que nos lleva a salir de la casa, pero mucho o poco tiempo que tengamos debemos estar para ellos, escucharlos, mirarlos y contenerlos.

La escuela es el lugar por excelencia en donde se va a manifestar todo este tipo de carencias que hay en la familia, entonces cuando se plantea sobre todo en la primaria, algún chico con dificultades en el aprendizaje y que no hay una base neurológica, tiene que ver con lo familiar. El síntoma está denunciando que hay algo en el funcionamiento familiar que no está siendo bueno.

Hay padres que se enojan porque tiene que ver con una herida narcisista: reconocer que tu hijo está “fallado” significa que algo que no estás haciendo bien como padre. Otros padres reconocen y acuden a la psicóloga o psicopedagoga.

Educar desde el amor

Educar desde y en el amor significa poder darle nuestro tiempo con calidad, atender las necesidades emocionales de ellos. Es un amor incondicional que nosotros tenemos hacia nuestros hijos, porque no importa lo que pase, nosotros siempre vamos a estar acompañándolos. Esto no significa que vamos a apañar conductas que no corresponden, pero tienen que saber que nosotros vamos a estar a su lado.

Significa acompañarlo, contenerlo y que pueda entender qué emociones se está sintiendo, cómo las siente y que pueda tramitarlas de una manera saludable. Ya también generar la empatía, ponernos en el lugar del otro, a partir de eso cae de manera implícita todo lo que tiene que ver con los valores. Si yo puedo sentir lo que le pasa al otro, no lo voy a dañar, voy a ser generoso. Pero esto es algo que día a día tenemos que ir trabajando los padres y educadores.

Hay que dar amor y ser ejemplo, porque más que decir es hacer. 

 

 
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