Puntos de Vista LIC. MARIEL TENREYRO (Docente)

“Todos los niños tienen en común que juegan, quieren afecto, que los escuchen y respeten su forma de ser”

20/08/2017 -

Trabajo en un jardín que está ubicado en el barrio General Paz y si hablamos de la educación en el amor tenemos que hablar del contexto en el que nosotros estamos trabajando. Nosotras trabajamos en un contexto que para muchos es un barrio urbano marginal, con realidades muy diferentes de niños que asisten todos los días, son tipos de familias de algo que no encajan en los cánones tradicionales. Entonces ahí lo que único que hace falta es trabajar desde nuestro rol; es decir, trabajar en el día a día, en el desafío y en el compromiso conjunto, porque es muy importante el trabajo en equipo.

Se trata primero de reunirnos, sentarnos y decidir qué es lo que queremos darles a nuestros chicos y qué quieren darles los padres a sus hijos. Esto implica, por un lado, tomar la opinión de los padres, empaparse, saber lo que pasa, vivir esa realidad.

Nosotras, las docentes, tenemos solo un pedacito de ese tiempo. El amor debe ser traducido en acciones, sin interpelar al otro, sin creerme que por ser docente soy más o estoy en un escalafón más alto que ese padre. El niño con su familia carga una historia de vida, entonces necesariamente debemos conocerla y estar día a día.

Por eso creo que el mejor regalo para un niño es que lo amen. Para mí la palabra fundamental para amar es el compromiso, que a su vez implica muchas palabras claves, como contención y límites. Las palabras “sí” y “no” empleadas a tiempo son necesarias, porque a veces creemos que amar es darle objetos o cosas materiales que nosotros no hemos tenido. Y no es así.

Tenemos que ponernos de acuerdo, familia e institución para escucharlos. No puedo caratular a un niño de hiperquinético o de lo que fuera, sin conocer al niño y su historia. El docente debe ser un profesional de la enseñanza, con todo lo que eso implica, el desafío cotidiano de ser yo el ejemplo vivo, porque lo que el niño ve será el reflejo.

 

Si la familia entiende y ve que la institución responde y que los dos estamos en el mismo camino que el niño sea feliz, entonces debemos reflexionar ¿qué ponemos cada uno?

Cada uno desde el rol que tiene, con aciertos y errores, asumiendo cuando nos equivocamos, vamos a ver realmente cuáles son las necesidades e intereses de esos niños.

Debemos educar en el amor entendiendo que yo tengo que amar al otro así no me guste lo que me está ofreciendo el otro; ahí está el autocontrol, cómo regulo mis emociones y cómo me pongo en lugar del otro.

Los niños vienen de hogares muy diferentes y de todos los estratos sociales, pero tienen en común que todos juegan, que quieren afecto, quieren que los escuchen y respeten su forma de ser. No debemos pretender fotocopias, sino seres humanos únicos, integrales y que se desarrollen bien, y para eso debemos darles todo.

Uno viene a este mundo desprotegido y necesita en los primeros años de nuestros padres, pero nosotros tenemos que darle las herramientas apropiadas para que de esta forma logren su independencia y después ellos puedan elegir. Nosotros como adultos debemos dar ejemplos reales, porque el niño todo el tiempo observa, escucha y asimila; y de acuerdo con eso va a aprender.

Por último, quisiera resaltar que las personas que tenemos a cargo niños, nunca dejemos de serlo, porque si dejo de asombrarme no podremos acercarnos a los chicos. Los docentes debemos contagiar el amor, el compromiso y la comprensión a la familia. 

 

 
Compartí
esta nota
Notas relacionadas

También te puede interesar