Gestos de autoridad

Por Ernesto Behrensen Especial para EL LIBERAL

28/08/2017 -

La incapacidad de la oposición para unificarse y dar una propuesta alternativa al gobierno permitió que Mauricio Macri se mostrara como el gran ganador de las elecciones del 13 de agosto, avanzara en la consolidación de su poder y tuviera la fuerza necesaria para encarar con gestos concretos de autoridad el tiempo que falta para la elección del 22 de octubre.

Tras el respaldo del 13 de agosto en las urnas, en la Casa Rosada jugaron a instalar la idea de “un amplio triunfo en todo el país” y que ello implicaba un aval a las políticas encaradas y un rechazo al “pasado” representado por Cristina Fernández de Kirchner.

La estrategia oficial destinada a ocultar el triunfo (y los titulares de prensa) de Cristina en la provincia de Buenos Aires sirvió para que en las dos semanas siguientes Macri se instalara como “el gran vencedor”. Y también para que el Presidente se atreviera a enfrentar con fuerza inusitada al sindicalismo.

En el macrismo apuestan a encarar la próxima campaña con tres ejes: mostrar datos concretos de gestión y de la recuperación económica, apuntalar la judicialización de todo lo que tenga que ver con el kirchnerismo e intentar mantener dividida a la oposición para retener y aumentar los resultados de agosto.

A quince días de las Paso, el escrutinio definitivo de la provincia de Buenos Aires dará como resultado que, finalmente, la expresidenta fue la que venció. Por poco, pero salió primera.

Si bien esto no modificará el desempeño nacional de Cambiemos, que resultó la fuerza más votada en todo el país con el 35%, servirá para que Cristina siga vigente durante los próximos meses.

En la Casa Rosada están convencidos de que en octubre dará vuelta los resultados y derrotarán a Cristina. La exmandataria lo está de qué aumentará su diferencia. Las elucubraciones políticas de ambos apuntarán a captar votos del massismo, la izquierda y el randazzismo para sumar agua para sus proyectos.

Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, que se pusieron al frente de la campaña para las internas, ya empezaron a trabajar el territorio con visitas conjuntas en el corazón del conurbano.

Cristina hace lo propio. El avance de las causas judiciales en su contra ilusiona al Gobierno. Apuntalado por los resultados del primer turno electoral, Macri salió a mostrar una imagen de autoridad y poder que no tuvo en los primeros dos años, durante los cuales buscó sumar y contener a los distintos actores sociales.

Enfrentó una importante protesta sindical con fuerza y atacó a los gremialistas donde más les duele. El bolsillo. En busca de disciplinar a los jefes sindicales, Macri les sacó lo que les había dado al inicio de su gestión: el manejo de los multimillonarios fondos de las obras sociales.

Con actitudes que sorprendieron a muchos y gestos casi peronistas, el Presidente aprovechó las fisuras en el gremialismo y buscó disciplinarlo.

Echó a Luis Scervino de la Superintendencia de Servicios de Salud y al viceministro de Trabajo Ezequiel Sabor, ambos con fuertes lazos con la CGT.

Una demostración de poder. Esto ocurrió luego de la jugada en el Consejo de la Magistratura que le permitió suspender al camarista Eduardo Freiler.

En el oficialismo aprovecharon las grietas y contradicciones que se evidenciaron en la protesta en la Plaza de Mayo, en la que la CGT anunció un tibio plan de lucha con un posible paro general a ser evaluado recién el 25 de septiembre.

Divisiones internas, ausencias de los gordos en el palco, presencias de las CTA, la izquierda e incluso de trabajadores de Pepsico que consideran “traidores” a los sindicalistas de Azopardo.

Fotos de kirchneristas como Guillermo Moreno y Axel Kicillof entre los manifestantes. Imágenes lamentables de peleas en la Plaza entre camioneros que se tiraban con las cruces de los veteranos de Malvinas que desde hace año protestan allí. Caos de tránsito. Ríos de alcohol y punteros de organizaciones sociales repartiendo 500 pesos por cabeza al final de la protesta... Macri, agradecido.

“Eso es una pérdida de tiempo, no nos lleva a ningún lugar”, dijo resumiendo el sentir de la mayoría en torno a la protesta.

La economía, mientras tanto, comenzó a darle oxígeno. La actividad mantuvo su ritmo y creció un 4 % en junio lo que permitió acumular un alza del 1,6 por ciento en lo que va del año. El déficit fiscal primario bajó en julio un 9,3%, aunque el rojo financiero subió un 18,6. Los empresarios expresaron su respaldo al modelo impulsado por Cambiemos en el Consejo de las Américas. Lo mismo hizo el representante del FMI, Alejandro Werner.

Sin embargo, también hubo señales de alerta. La balanza comercial tuvo un déficit de casi 800 millones de dólares con un aumento del 30% en las importaciones. Desde el gobierno se tuvo que implementar un plan de cuotas para que los usuarios puedan afrontar el aumento del gas. Los ahorristas se llevaron tres mil millones de dólares en julio, buscando refugio ante las elecciones.

Como si fuera poco, y a días de la visita y el respaldo del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, el gobierno de Donald Trump cerró las exportaciones de biodiésel argentino iniciando una escalada diplomática.

El Indec dio a conocer la canasta de pobreza. Una familia tipo necesita 15.024 pesos para no ser pobre en un país donde el salario mínimo es de 8.860 pesos y la jubilación es de 7.246 pesos. La campaña que se inicia para octubre se desarrollará en este contexto, con el foco puesto en la provincia de Buenos Aires.

Los hechos de violencia registrados en los últimos días, con el incendio de vehículos frente al propio Ministerio de Seguridad, son una preocupación para el gobierno. La desaparición de Santiago Maldonado, y las idas y vueltas oficiales, también.

El marketing electoral deberá enfrentarse en estos días a la realidad cotidiana. La actitud de fortaleza asumida por Macri debe entenderse, también, en ese marco. l


 
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