El Evangelio EL EVANGELIO DEL DOMINGO - Pbro. Mario Ramón Tenti

Perdonar siempre y en toda circunstancia

Mateo 18, 21-35

17/09/2017 -

El tema del perdón es característico del Evangelio de Mateo, sin dudas es un tema que preocupa a la comunidad. En el evangelio del domingo anterior reflexionamos a cerca de la corrección fraterna para ganar al hermano y no abandonarlo a su propia suerte de “pecador”. Dijimos que la pedagogía de Dios se centra en salvar y no en condenar, en ganar al hermano y no en perderlo.

El relato de hoy, nos plantea en una perspectiva de casuística judía “hasta cuántas veces debo perdonar a un hermano que me ofende”. Como es característico de Mateo, pone en boca de Pedro, el vocero de los Doce, la pregunta: “¿hasta cuántas veces debo perdonar? ¿hasta siete veces?

Pedro comete un doble error: en primer lugar quiere involucrar a Jesús en ese modo casuístico de mirar las cosas. Pregunta: “cuántas veces debe perdonar”, para poder tener un referencia exacta de cómo actuar. Pero Jesús no se deja encasillar en esos esquemas legalistas, no se trata de cuántas veces, no hay una cantidad que pueda expresar el perdón de Dios que se manifiesta en el perdón de la comunidad.

En segundo lugar, Pedro cree que al decir “siete veces”, supera ampliamente las cuatro veces que como máximo se admitía dentro del judaísmo rabínico y de esta manera pretende ponerse al alcance de la enseñanza de Jesús.

Pero, la enseñanza de Jesús supera con radicalidad la propuesta de Pedro. Se trata de perdonar setenta veces siete, es decir, siempre. La comunidad del Cristo Resucitado vive del perdón de Dios que comunica la vida y se expresa en lazos de fraternidad entre sus miembros.

Esta parábola sirve de conclusión a las instrucciones del capítulo 18 sobre la vida comunitaria. Pedro y los demás discípulos deben recordar siempre que así como ellos fueron perdonados por Jesús también deben perdonar y fraternizar con los demás. Lo exagerado de la comparación de ambos deudores, diez mil talentos y cien denarios pone en evidencia que siempre es más lo que Jesús perdonó a sus discípulos de lo que los demás pudieran “deberle a la comunidad”. La violencia del criado perdonado hacia su compañero de servicio muestra los conflictos que desgarraban la comunidad de los discípulos de Jesús. Peleas y divisiones, abusos de poder y discriminación a causa de pecados cometidos sumían a la comunidad en fracturas que alejaban a algunos de sus miembros y escandalizaban a otros.

Esta parábola quiere enseñarnos que el perdón de Jesús a nosotros siempre será mayor de aquel que podamos dispensar a los demás. Y que nadie en la comunidad debe arrogarse de manera autoritaria la exclusividad en la administración del perdón de Dios.

El amor fraterno y el perdón entre los miembros de la comunidad deben expresar con claridad que Dios perdona siempre y que los discípulos de Jesús deben perdonar sin límites a sus hermanos porque sin límites es el amor de Dios.

 
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