“Sus ejércitos, servidores de sus deseos”

Evangel io según San Mateo 18,1-5.10.

02/10/2017 -

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: “¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?”. Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: “Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo. Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial”.

Comentario

Celebramos hoy la fiesta de los Santos Ángeles. Una fecha que nos recuerda cuando éramos niños, y en la cama, por las noches, rezabamos aquella tierna oración que decía: “Ángel de la Guarda, dulce compañía, no nos desampares ni de noche ni de día”. Cuando somos niños no nos preguntamos mucho por el porqué de las cosas, o si lo hacemos, lo hacemos más bien como un juego intelectual. Nos gusta el misterio y convivimos con él con naturalidad. Cuando crecemos intentamos desvelar los misterios, o al menos intentamos hacerlos “razonables”. ¿Por qué la fe cristiana habla de los Ángeles como esos seres que nos acompañan personalmente, que nos protegen por los senderos de la vida? Podríamos responder que son simplemente símbolos del amor providente de Dios, provenientes de un contexto cultural en el que se usaba este tipo de lenguaje figurativo para hablar de realidades misteriosas. Pero despachando la cuestión de esta manera no seríamos fieles a la fe de la Iglesia que quiere ser fiel a la Palabra de Dios. Del Catecismo de la Iglesia Católica se sirve San Agustín para decirnos quiénes son: “El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel” (Psal. 103, 1, 15). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103, 20). Los Ángeles son un reflejo misterioso del rostro de Dios en nuestra realidad, y de hecho, cuando alguien de una manera especial nos muestra una conducta desinteresada, sana y alegre solemos decir que “es un ángel”.

 
Compartí
esta nota
Las cinco más leídas
hoy de El Evangelio
1

“Empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua”


También te puede interesar