Evangelio según San Lucas 10,13-16.

06/10/2017 -

“¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.

Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.

El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió”.

Comentario

La conducta perversa genera efectos perversos. Hay una ecología de las malas hierbas. Esto significa que el mal se extiende, se propaga... es misionero y proselitista.

Cuando a veces nos quejamos de las cosas que nos ocurren, quizá no reparamos suficientemente en la complejidad de sus causas.

Fácilmente nos responsabilizamos y hasta nos deprimimos, pero tal vez las cosas ¡vienen de atrás! ¡son muchos más complejas!

El abuso de poder, la corrupción económica, los escándalos ocultados, los favores a los de la propia cuerda y la exclusión interesada de otros... crean en nuestros grupos, en nuestras comunidades, una red de mal que durante un tiempo persiste y actúa.

En este contexto la profecía de Baruc tiene mucha actualidad. Jesús conmina, por su parte, a dos ciudades o dos sistemas: Corazaín y Cafarnaúm.

En ellas hay un entramado de mal que impide el desarrollo de la fe, la transformación que Jesús inicia. Hay una lucha entre la ecología del bien y la ecología del mal.

A veces creo, que naciones que se juzgan ‘privilegiadas’, ‘primeras’, son las últimas: el mal se extiende silenciosamente en ellas.

¿Quién escuchará hoy la Palabra de Dios y quiénes serán sus portavoces? San Jerónimo se caracteriza por su pasión por la Palabra.

Escuché una homilía de la novena de san Francisco. La Palabra había hablado sobre los pequeños en el Reino de los cielos.

El presidente de la celebración habló durante un cuarto de hora de San Francisco. Olvidó totalmente la Palabra de Dios. ¡Qué poca pasión por la Palabra! ¡Cuánta pasión por la vida de un santo y su institución! Quien escucha a esos predicadores no escucha al Señor.

Quien escucha la Palabra, sí escucha al Señor.

No queremos, Jesús, cerrarnos a tu venida. Tú, Señor de la historia, puedes arrancar las malas hierbas y abrir nuestro corazón a tu Palabra que nos trae la presencia de tu Reino. Jerónimo, intercede para que se traspase a nosotros tu fuego, tu pasión por la Palabra.

 
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