Padre Koffi Gilbert OPINA SANTIAGO

El milagro

Por el padre Koffi Gilbert - Párroco

22/10/2017 -

Hoy hablaremos del milagro. ¿Qué quiere decir milagro? ¿Creemos en ellos o no? Como cristianos, ¿qué debemos hacer? Un milagro es un fenómeno o una acción que no puede explicarse a partir los principios naturales. Es un suceso extraordinario que provoca admiración o sorpresa. Es un hecho que pa­ra las personas creyentes no puede ser explicado de forma objetiva. Es una acción realizada por Dios con el fin de demostrar a sus fieles su amor y alimentar su fe. El milagro es algo inexplicable, nadie puede saber.

Nosotros podemos mirar la realidad y la revelación que Jesús ha hecho. Decimos que Jesús es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Dios dijo: ‘Haced y siempre seguirá haciendo milagros‘. Liberándonos de muchas cosas y ataduras. Dios quiere hacer milagros en nosotros hoy y para siempre.

La Palabra de Dios dice que lo que es imposible para los hombres es posible para Él. Un milagro no tiene nada que ver con que podamos merecer o no, porque ninguno de nosotros merecemos la gracia ni el favor, ni el amor, ni la misericordia que hemos recibido de parte de Dios.

Todo lo que recibimos de Él tiene que ver con los méritos de Cristo Resucitado Glorioso a través de la Pasión, la muerte y la resurrección. Es Dios quien obra y da la posibilidad para que en todo lo que se hace se reconozca la presencia de Dios.

Los milagros de Jesús son muchos. Cuando abrimos la Biblia vemos muchos. Los milagros de Jesús son los hechos sobrenaturales que se atribuyen a Él en el curso de su vida terrenal.

Los milagros de curaciones: la hija de la Cananea (Mateo 15.21.28): por un milagro llevado a cabo en la región de Tiro y de Sidón; por petición y gracia de la fe de la madre de la víctima.

María Magdalena (Lucas 8.1.3): de la cual salieron siete espíritus impuros, los demonios.

Curaciones de paralíticos (Mateo 9.1.8); curaciones de ciegos. Partineo de Jericó (Mateo 20.29.34- Marcos 20.46.52); (Lucas 18.35.43). Curación de le­prosos (Mateo 8.1.4). Milagros sobre la naturaleza. Dios es maestro; Dios es más que la naturaleza. La tempestad calmada (Mateo 8.23.27); (Marcos 8.35.41); (Lucas 8.22.25). Sucede en Galilea. Jesús les dice a sus discípulos: “Hombres de poca fe, por qué han dudado. Ya que se atemorizan y piensan que van a morir. La multiplicación de los panes y de los peces. (Mateo 14.13.21) (Marcos 6.30.44) (Lucas 9.10.17) (Juan 6.1.14).

En el Catecismo de la Iglesia Católica, número 547 dice: “Jesús acompaña sus palabras con numerosos ‘milagros, prodigios y signos‘ (Hch 2, 22) que manifiestan que el Reino está presente en Él. Ellos atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado (Lucas 7, 18.23)”.

En el número 548 dice: “Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado (Juan 5, 36; 10, 25). Invitan a creer en Jesús (Juan 10, 38)”. Concede lo que les piden a los que acuden a él con fe (Marcos 5, 25.34; 10, 25).

Entonces hoy es posible vivir esa experiencia. Dios obra, su gracia transforma. Es esa gracia que hace salir de caminos en los que pueden atropellarnos, caminos que pueden hacernos equivocar, pero la gracia de Dios hace todo para que salgamos de lo que no es de Dios.

El verdadero milagro es la vida. Jesús con su Pasión, muerte y resurrección tiene la vida, y la vida ha dado en abundancia.

Buscando milagros hoy podemos alegrarnos de tener la vida; ‘porque si no tengo la vida, qué vamos a hacer con un milagro. Jesús no quiere únicamen­te la parte material. El milagro no sirve únicamente para decir que Dios me ha sanado de una enfermedad, me ha liberado, me ha curado. Cristo quiere lle­gar a la salvación, a la vida concreta y eterna. Esa es su misión y la misión de la Iglesia.

El verdadero milagro que podemos pedir es el milagro de la vida, que Dios nos dé esa posibilidad de hacer todo lo que podamos para que la gracia no quede sin frutos. La gracia que hemos recibido gratuitamente transforma nuestras vidas en montón de milagros.

Que Nuestra Madre, en quien Dios ha obrado en su vida, interceda para que continuemos admirando y recibiendo la gracia de Dios para que nuestra vida y proyectos sean presencia de Dios y presencia de su gracia en el mundo.

Amén.


 
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