El Evangelio EL EVANGELIO DEL DOMINGO - Pbro. Mario Ramón Tenti

Cuando Amamos al prójimo fructificamos los talentos

Mateo 25,14-30

19/11/2017 -

L a parábola de los talentos forma parte del último discurso del Cristo de Mateo. Plantea la idea de la vigilancia-fidelidad de los discípulos pero a partir de la “infidelidad”, lo que muestra su contexto polémico y la escasa seriedad con que los discípulos afrontaban la posibilidad de la infidelidad. Por eso, se grafica la situación de la infidelidad del discípulo (pereza/inactividad) que contrasta con el resto de los “siervos” que vigilan de un modo activo y responsable.

¿A qué se refiere el evangelio cuando habla de talentos? En el contexto del Evangelio de Mateo, podemos decir que los talentos son los “bienes mesiánicos”, entendiéndolos como el amor “activo” que los discípulos deben a todos los hombres: “cuando tuve hambre y me diste de comer, sed y me diste de beber, etc.”

El relato nos da a entender que hay dos tipos de discípulos. Los que fueron diligentes (fieles) al Señor y fructificaron los talentos porque dieron de comer y beber a un hermano, porque recibieron al forastero, vistieron al desnudo, visitaron al enfermo y preso y aquellos que nada de esto hicieron porque tenían una actitud de “fatalismo religioso”: ¡Dios lo hace todo, no necesita de nuestra ayuda¡ Estos discípulos representados por el servidor perezoso e infiel que enterró el talento tienen una imagen distorsionada de Dios y demuestran poco amor por él. El Dios de Mateo es todopoderoso pero para nada elimina el trabajo y la responsabilidad del hombre, más bien la promueve. Dios inspira la libertad y la responsabilidad de los hombres, porque para eso nos ha confiado una tarea y nos ha dado los talentos para llevarla a cabo.

Conclusión

Las situaciones de exclusión que sufren miles de hermanos en nuestra sociedad cuestionan la vida de fe de los discípulos de Jesús. La fe, como dice el Apóstol Santiago se manifiesta en “obras”, en acciones concretas de amor y solidaridad con esas personas excluidas para hacerlos partícipes de la mesa de la vida.

El divorcio entre fe y vida, no sólo pone de manifiesto nuestra “infidelidad” al proyecto de Dios, sino que muchas veces provoca la desconfianza en la comunidad de los discípulos y hasta el rechazo de Dios y la religión que lo representa.

Es la hora de la “acción”, no tanto de palabras, de discurso vacíos que nada dicen; hacernos cargo del hermano, sanar sus heridas, cuidarlo, y hacernos responsables de su destino, como el buen samaritano, será el signo creíble de nuestra pertenencia a Jesús y su Reino. Cuando amamos, cuando servimos, cuando damos una mano a los que sufren, estamos haciendo creíble el mensaje de Jesús y aportando al crecimiento de su Reino.

Solo el amor solidario nos distingue de los que no creen.

 
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