Peregrinación

03/12/2017 - Observamos que hay muchas personas que están peregrinando a Catamarca. ¿Qué es peregrinar? Para ayudar a la gente, sobre algo espiritual, hay que decir que peregrinar es ir en busca de Dios y lo que quiere sobre mí; es aumentar la fe, algo que hoy necesitamos más que nunca; es unirnos al Dios de la Trinidad y la Virgen María. Las peregrinaciones evocan nuestra caminar por la tierra hacia el cielo. Tiempos fuertes de renovación, de la oración. Por eso es importante ir con el corazón abierto, siendo generosos con Dios, para que Él obre en nosotros. El peregrinar es de todos los tiempos, forma parte de nuestra vida espiritual. Desde nuestros nacimientos hasta nuestra muerte estamos en la búsqueda constante de nuestro Dios. El hombre suele siempre buscar a Dios en aquellos lugares en donde se ha dado a las personas la posibilidad de sentir más fácilmente su presencia. Dios nos ha ayudado para buscar un lugar para hacer un encuentro verdadero con Él. Un peregrino busca lo que es sobrenatural en un lugar preciso, diferente al de su vida cotidiana, ya que deja todo para ir al encuentro con un Dios vivo. Cuando comenzamos a peregrinar, nos ponemos en camino para luego detenernos en el encuentro con Cristo. Como Dios ve el esfuerzo que hacemos para ir a su encuentro, en toda peregrinación se reciben gracias. Al peregr inar abramos nuestras manos y nuestro corazón, para recibir la gracia que Jesús quiere darnos, poniendo nuestra total confianza en el amor de Dios Padre y el poder intercesor de la Virgen María, Nuestra Madre, en el corazón de su hijo Jesús. Una peregrinación es tiempo que debe renovarnos en la fe y la esperanza, y llevarnos a actuar y a tomar conciencia de la presencia de Dios en nuestra vida. Jesús es el eterno peregrino que viene al encuentro del hombre, que también peregrina hacia Dios. Jesús eucaristía se quiere arrimar a nosotros, como hace también el peregrino, y se pone a caminar junto a nosotros, alentándonos, abriéndonos el ejemplo. Lucas 24.32: “¿No sentimos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino?” Lucas 24.31: “Y mientras estaba en la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio. En ese momento se abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Él desapareció”. La Biblia nos habla de la peregrinación en el Salmo 122: “Qué alegría cuando me dijeron ‘Vamos a la casa del Señor’”. El santo Juan Pablo II nos recuerdo que el cristiano es ante todo un peregrino, y que la Iglesia misma es un pueblo peregrino. La peregrinación no concluye al llegar al santuario o al participar de los actos, al firmar el libro de peregrinos o comprar estampitas. Se trata de recargar energías con un nuevo vigor, con otras fuerzas e impulsos para llevar y hacer presente la gracia de Dios al volver a casa. Por eso es muy importante saber que no vamos a peregrinar por promesas, sino que vamos para recibir la fuerza de Dios para volver y cambiar la vida, y la de su familia y comunidad. Se trata de informarnos y formarnos para extender el Reino de Dios. Es una misión y una nueva evangelización. No debemos olvidar que la peregrinación nos ofrece la posibilidad de reencontrarnos con nuestra propia historia cristiana, nuestra realidad transitoria en este mundo. Nuestro peregrinar hacia Dios no debe ni puede ser lastimoso ni triste. Por eso hoy hago una invitación a todos los que están peregrinando a Catamarca, a que nos sea una cuestión de cumplir promesas o formalidad, que lo vivan como una vida. A la vuelta no deben quedar en sus casas, hay que peregrinar para las iglesias de su parroquia, y encontrarse con Jesús en la eucaristía, porque todo lo que dejamos y hacemos es para hacer este encuentro. Por eso pido a todos los que van a ir a la peregrinación, que sea una vida. Que Jesús nos ayude a entrar en ese espíritu de oración y formación, de entrega total a Dios. Que Nuestra Madre, que también hizo su peregrinación desde Nazaret hasta Belén, ha recibió la gracia de Dios y ha vuelto, y hoy está en peregrinación con nosotros, nos ayude a que siempre tengamos el espíritu de peregrino para recibir la gracia de Dios y compartir lo que hemos recibido gratuitamente, hoy y para siempre.

 
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