Jesús, Salvador

Evangel io según San Juan 1,43-51.

05/01/2018 -

Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: “Sígueme”. Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret”. Natanael le preguntó: “¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?”. “Ven y verás”, le dijo Felipe. Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”. “¿De dónde me conoces?”, le preguntó Natanael. Jesús le respondió: “Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”. Natanael le respondió: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. Jesús continuó: “Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía”. Y agregó: “Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

Comentario

Poco a poco, la Comunidad de los discípulos se va reuniendo. Tienen un encuentro personal con Cristo, y también con los hermanos. Gente como ellos, que han sido atraídos por la figura de Jesús. Se van pasando el mensaje unos a otros. ¿Tú le pasas el mensaje a la gente que vive cerca de ti? ¿Les hablas de las Eucaristías a las que vas, comentas con tus amigos/ vecinos/compañeros lo que vives en el templo? Jesús reúne a un grupo de amigos, para enseñarles a amarse los unos a los otros. Lo dice la primera lectura de hoy. Desde el punto de vista humano, parece absurdo. ¿Cómo se puede enseñar a amar? ¿Cómo podemos cambiar nuestra relación con una persona que nos cae mal, o que nos resulta del todo indiferente? ¿No sería mejor, con mucha educación, distanciarse de esa gente y guardar solo la debida cortesía? No hagas de tu problema mi problema o eso no es cosa mía, perdona, quizá nos parezca normal. Repito, desde el punto de vista humano. Pero es que somos cristianos, y eso nos obliga a superar las normas de la buena educación. Ojalá que al acabar la celebración de la Eucaristía podamos hablar de algo más que del tiempo o del fútbol. Interesarnos por los hijos, por los padres, por el trabajo (o la falta de él), son signos de que andamos en las cosas de Cristo. Cristo no enseñó a mirar a los demás con los ojos de Dios. Y si lo intentamos, si miramos a los demás y nos ima g i n amo s d e q u é mo - do los debe mirar el Padre Bueno, poco a poco algo va cambiando. Es que ninguna persona aparece en nuestro camino por casualidad. Decía mi maestro de novicios que las casualidades son el paso de Dios por nuestra vida. Todo está orientado a que hablemos de Dios con nuestra vida, con lo que hacemos y con lo que decimos. O j a l á p o d a m o s s e r puentes en el camino de los demás hacia Dios. Que nunca seamos muralla que impida a nues t ros prój i - mos encontrarse con Cristo. Soy una falsa moneda: Había un viejo sufí que se ganaba la vida vendiendo toda clase de baratijas. Parecía como si aquel hombre no tuviera entendimiento, porque la gente la pagaba muchas veces con monedas falsas que él aceptaba sin ninguna protesta, y otras veces afirmaban haberle pagado, cuando en realidad no lo habían hecho, y él aceptaba su palabra. Cuando le llegó la hora de morir, alzó sus ojos al cielo y dijo: “¡Oh, Alá! He aceptado de la gente muchas monedas falsas, pero ni una vez he juzgado a ninguna de esas personas en mi corazón, sino que daba por supuesto que no sabían lo que hacían. Yo también soy una falsa moneda. No me juzgues, por favor”. Y se oyó una voz que decía: “¿Cómo es posible juzgar a alguien que no ha juzgado a los demás?” Muchos pueden actuar amorosamente. Pero es rara la persona que piensa amorosamente. (Anthony de Mello).

 
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