Opinión SITUACIÓN INTERNACIONAL

Resistencia global

Por Jesús María Alba. Periodista.

06/01/2018 -

C omo si al mundo no le sobraran motivos para enloquecer, los delirios de Donald Trump y Kim Jong-un nos arriman peligrosamente cada día a una psicosis global que a los memoriosos los remontará a los días de angustia e incertidumbre de la Guerra Fría que mantuvo en vilo a millones de habitantes del planeta mientras Estados Unidos y la Unión Soviética, máximas potencias nucleares de entonces, se miraban con recelo beligerante. Si en aquel tiempo la amenaza de una fulminante guerra nuclear era una espada de Damocles para la humanidad, hoy no es difícil presentir un desastre mayúsculo. Varias son las naciones en el mundo que han logrado desarrollar armas de extermino inimaginablemente poderosas y listas para aniquilar. Hace algunos meses, Mijaíl Gorbachov lanzaba en las páginas de la revista Time la primera advertencia de la escalada nuclear: "Parece que el mundo se está preparando para la guerra", dijo el ex mandatario soviético y agregó para sumar más angustia: "Los políticos parecen confundidos y perdidos". En otro párrafo de su publicación Gorbachov exhortó: "Parar y dar marcha atrás a esta carrera ruinosa debe ser nuestra principal prioridad". Ya nada haría retroceder la irracionalidad de Trump que casi un mes antes había decidido que "Estados Unidos debe fortalecer y expandir en gran medida su capacidad nuclear hasta el momento en el que el mundo entre en razón con respecto a las armas nucleares". El Papa Francisco, como no podía ser de otra forma, se expresó con profunda preocupación: "El mundo está en guerra y se prepara para ir más fuertemente a la guerra: ¡No más guerra, Señor, no mas!", imploró el Vicario de Cristo. En otro momento volvió sobre la cuestión: "…la humanidad corre el riesgo de suicidarse", dijo angustiado Desde esa convicción papal, desde el Vaticano se aseguró que Francisco "trabaja con determinación para promover las condiciones necesarias que nos permitan vivir en un mundo sin armas nucleares". El arzobispo italiano Silvano Tomasi, delegado del Sumo Pontífice en los asuntos del desarme nuclear, en este contexto sumó su desasosiego y sin nombrarlos lanzó sus dardos a los mandatarios estadounidense y norcoreano: "Las personas que tienen acceso a los botones de mando carecen de equilibrio mental" dijo contundente el alto prelado. Ahora bien, resulta extraño, o al menos intrigante, que fuera de este cuadro de situación no se hayan escuchado voces condenatorias de las organizaciones que predican la paz y armonía en el planeta. Tampoco se supo que alguna de ellas tomara la iniciativa de acordar una cumbre mundial para deliberar sobre la cuestión y demostrar a los súper poderosos que no tienen ningún derecho a dirimir sus apetencias e intereses de supremacía al doloroso costo de millones de vidas inocentes. Sabemos que -parafraseando a Carl von Clausewitz- la guerra es la continuación de la política por otros medios y, de hecho, "un verdadero instrumento político" de manejo exclusivo y arbitrario de quienes dirigen los países poderosos de este mundo que por estos tiempos camina por las cornisas de patéticos desatinos. Hay que tomar conciencia de que estamos en condiciones de no demorar una enérgica reacción y un severo y contundente cuestionamiento aun cuando concluyamos que solo se trata de una insinuación o de bravuconadas. Ninguna nación comprometida con la armónica supervivencia humana puede ni debe confiar en dos líderes que a cualquier precio -y a desprecio de la vida del planeta- quieren imponer sus más mezquinos y afiebrados criterios de dominación geopolítica. Ante un escenario que incuba un problema de tan extrema gravedad, nada debe resultar exagerado ni paranoico; todo lo contrario. La advertencia y el repudio a cualquier desvarío pretendidamente beligerante deberá resonar globalmente. También cada iglesia; mezquita; sinagoga y todo otro templo religioso u organización de esa índole debería ser una caja de resonancia y amplificación de los pronunciamientos más severos a favor del desarme nuclear y el imperio de la paz mundial. Frente a esta exhortación, seguramente habrá quienes duden de la eficacia de la propuesta. Serán los escépticos de siempre que sobreestiman como invulnerables a los países poderosos olvidando que los obstáculos no impiden la historia y que el hombre solo cabe en esa categoría imponiéndose al fracaso. Partiendo de esa premisa y citando a Ernesto Sábato, podemos afirmar que "Solo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido.". La propuesta es entonces rescatar esa esencia sepultada por la fiebre de dominio de unos sobre otros y elevar al mundo una verdadera resistencia que es la única que combate por restaurar valores que se consideran perdidos: la paz, la no violencia, la sana convivencia entre los pueblos y el más absoluto respeto por la diversidad cultural. La determinación es ahora; antes de que la morosidad nos coloque en el terreno temporal de lo irreversible. "No sé cómo será la tercera guerra mundial, solo sé que la cuarta será con palos y flechas", repetía A. Einstein.

 
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