El Evangelio EL EVANGELIO DEL DOMINGO - Pbro. Mario Ramón Tenti

Jesús bautiza con Espíritu Santo

Marcos 1, 7-11

07/01/2018 -

El bautista representa el esfuerzo de los hombres y mujeres de todos los tiempos por convertirse y cambiar de vida. Su mensaje, hagamos penitencia, volvamos al camino de Dios, conmueve a muchos de la comunidad judía de su tiempo. Pero su bautismo es con agua, tiene su límite, produce cambios superficiales y sólo por un tiempo. El nos dice que viene alguien más fuerte, que bautizará con Espíritu y fuego.

El bautismo de Jesús trasciende al de Juan. El cielo, que permanecía cerrado, se abre y derrama su misterio. No se trata de la ira divina, el Dios de Jesús no es vengativo, no quiere el sufrimiento de sus hijos. El cielo se abre, para derramar la vida del Dios amor, su Espíritu que se posa sobre Jesús y la voz que nos dice: “Tú eres mi Hijo amado”.

Con Jesús el cielo ha quedado abierto para siempre, nunca más se cerrará para los hombres la comunicación con Dios. Este mensaje inspira confianza. Dios me ama, me cuida, sale a mi encuentro porque quiere mi felicidad.

El Espíritu que se posa sobre Jesús es el mismo que nos fue entregado en la Pascua, para que vivamos como personas resucitadas. Otra vida es posible, Dios no olvida a su pueblo.

Al comienzo de su ministerio, el papa Francisco nos habló de las enfermedades de la Iglesia, una de ellas fue descrita como Alzheimer espiritual, el olvido de la historia de la salvación, la historia personal con el Señor, el primer amor. Es esta una de las enfermedades más grave de los cristianos, el habernos olvidado de que fuimos salvados por Jesús, del primer amor, del momento en que fuimos alcanzados por su amor, de la cercanía de su presencia en nuestras vidas, del momento en que derramó sobre nosotros su Espíritu y nos transformó en hombres nuevos. ¿Qué pasó en nosotros que hemos dejado atrás el sueño de seguir a Jesús? ¿Qué nos pasó que abandonamos la esperanza de construir su Reino en el mundo? ¿Qué ocurrió en nuestras vidas que nos acomodamos al ritmo de la sociedad y vivimos mundanamente?

Seguramente necesitamos una vez más que el Señor derrame sobre nosotros su Espíritu, que hace nuevas todas las cosas, un hombre nuevo para un nuevo mundo. Sólo el Espíritu de Jesús puede ayudarnos a superar esta enfermedad que nos impide vivir de acuerdo a nuestra identidad de hijos de Dios.

Conclusión

La Iglesia tiene un gran desafío en estos tiempos, volver a anunciar las buenas nuevas de la salvación traídas por Jesús. Mantener abiertos los canales de comunicación con Dios, de tal manera que la vida fluya, que llegue a todos, sanando, perdonando, ayudando a iniciar una nueva vida. La tentación de la Iglesia de ser la exclusiva “intérprete y administradora” de la vida del Espíritu ha logrado el efecto contrario; el Espíritu ha sido encerrado en dogmas, preceptos y ritos que han alejado a los hombres de Dios. Llega la hora, y ya estamos en ella, en que la Iglesia debe ser un puente de encuentro con Dios, de tal manera que el Espíritu lo inunde todo, penetrando en nuestros corazones y haciéndonos experimentar la alegría de la salvación que sólo viene de Dios.

 
Compartí
esta nota
Las cinco más leídas
hoy de El Evangelio
1

Evangelio según San Mateo (19,23-30)


También te puede interesar