Padre Koffi Gilbert OPINA SANTIAGO

Dios se manifiesta en nosotros

Por el padre Koffi Gilbert - Párroco

07/01/2018 -

Después del nacimiento de Jesús y su presentación en el templo, quiero hablar de la manifestación de Dios en nuestro mundo, en cada uno de nosotros. He visto que en estas fiestas le hemos dado importancia a la parte superficial, dejando de lado la manifestación de Dios.

En el Antiguo Testamento había presencia de Dios, y los profetas que iban a anunciar la llegada del Hijo de Dios, también vivían esa manifestación. Y Jesús nació para manifestar el amor de Dios.

Entonces, es esa fiesta la que debemos vivir, y no las otras cosas. Es muy importante celebrar su manifestación.

No podemos decir que somos cristianos, sin buscar a esa persona, su estrella, su luz. Dios nos ha elegido para que seamos sus compañeros, sus amigos, y sobre todo para vivir esa amistad con Él. Por eso, la manifestación de Dios en nuestra vida es para compartir. No es solo la parte material lo importante, sino la parte espiritual.

Hay muchas personas que dudan de su presencia y hacen todo por formalidad, por tradición, pero hay que enseñar a los hijos la importancia de lo espiritual. Hay que enseñarles que los regalos que recibieron por los Reyes Magos, son regalos de Dios. Él ha hecho promesas con nosotros y por eso nos da lo que necesitamos.

Hay que educar a esos niños para que el día de mañana no piensen que los padres le han mentido. Dios ha querido manifestarse en nuestra vida, por eso debemos ofrecernos y entregarnos a Él. Dios quizás no necesita oro, necesita nuestros corazones, nuestra vida, nuestra persona.

Hay que hacer el encuentro verdadero y descubrir.

Dios se manifiesta también en los paganos, en los que no saben discernir.

Seguramente, como dice San Pablo en la carta a los cristianos de rezos: “Hermanos seguramente habían oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensado en beneficio de ustedes. Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer ese misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras. Al leerlas se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo, que no fue manifestado a las generaciones pasadas pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu Santo a sus apóstoles y profetas. Ese misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia. Son miembros de un mismo cuerpo y beneficiarios de la misma promesa que hizo Jesús por medio del evangelio.

Dios es de todas las personas que viven en este mundo, por eso ha vivido esa encarnación, para darnos a nosotros esa gracia.

Si celebramos y participamos de las misas, debemos saber que Él continúa manifestándose a través de la Eucaristía. La Eucaristía es la presencia de Dios, Dios de la Trinidad, de ese cuerpo que Cristo ha ofrecido para salvarnos.

Que esa manifestación llegue a nuestros hermanos, a los débiles y los pobres.

No nos quedemos solamente en ofrecer regalos, hay que mirar si no hay presencia de Dios en esas personas que sufren.

Hoy se necesita hacer el encuentro con Dios para cambiarnos la manera de ver y pensar, para que esa manifestación transforme nuestra mentalidad, idea y pensamiento.

En todos lados podemos hacer encuentro con Dios, en las personas, en los dones que hemos recibido.

Que estas fiestas de la Epifanía nos ayude a mirar no solo lo folclórico de los Reyes Magos. Es un acontecimiento bíblico y está adentro de la historia de la salvación. Hoy tenemos que dar un paso más y preguntarnos dónde lo buscamos y dónde lo encontramos a Jesús. Es importante encontrar al Señor porque podemos abrir un auténtico proceso de conversión, comunión y solidaridad que son las manifestaciones de la fe.

Cuando hacemos un acto de fe en la presencia de Cristo, lo adoramos a Él como Señor de nuestra historia y de nuestra vida.

Entremos en el camino de conversión, de cambiar aquello que no está adecuado con lo que Cristo nos pide.

Vamos a pedir a Nuestra Madre, que siempre está a nuestro lado, que su presencia nos ayude a ver la presencia de su Hijo, para cambiar nuestra manera de actuar, por el bien de nuestra sociedad, de nuestra Iglesia y del mundo.

Que Cristo nos ayude a hacer un encuentro verdadero con Él y presentar su verdadera imagen que es Dios amor, solidaridad, paz, justicia, hoy y para siempre.

 
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