El Evangelio EL EVANGELIO DEL DOMINGO - Pbro. Mario Ramón Tenti

Seguir a Jesús, viviendo como Él

Juan 1,35-42

14/01/2018 -

Juan, el testigo, se encontraba con dos de sus discípulos y al ver a Jesús pasando, dice: “He aquí el cordero de Dios”. El Bautista reconoce en Jesús al liberador de Israel.

Los discípulos se pusieron a seguir a Jesús luego de escuchar la proclamación de Juan. “Viendo que lo seguían, les dijo: ¿qué buscan?” Juan ya les había dado todo lo que podía, él era solamente el testigo. Las esperanzas del pueblo de Israel simbolizadas en los discípulos habían llegado hasta el límite. Era la hora de dar un paso hacia un nuevo tiempo, el tiempo inaugurado por Jesús. Es la hora del cumplimiento pleno de las promesas. ¿Dónde vives? preguntaron los sorprendidos discípulos; vengan y vean replicó el Maestro. De manera velada Jesús les dice dónde vive (en comunión con el Padre). Jesús invita a los discípulos a participar de esta comunión, todavía de manera provisoria, pero luego de ser crucificado y glorificado, será definitiva. “Se quedaron con él aquel día”.

Los discípulos han hecho experiencia de comunión con Jesús, el fuego se ha encendido. Andrés, encontró a su hermano Simón y lo llevó a Jesús, a quien proclamó Mesías, es decir, el ungido que habría que cumplir la esperanza de Israel. Jesús “fijó su mirada” sobre Simón y le asignó su misión, la de ser “piedra”. Jesús asigna a cada discípulo una misión, pero es claro que la misión se desprende de la experiencia de comunión vivida con él. Lo importante en el camino de seguimiento de Jesús es la experiencia de comunión con él, al creyente sólo debe preocuparle sostener la comunión agradando a Dios en el servicio a los hermanos.

Conclusión

Muchos cristianos aún no han experimentado el encuentro con Jesús. Son creyentes porque fueron bautizados y viven en un contexto de creencias. Pero, aún, no se han encontrado con Jesús. Viven la fe de manera superficial, sin que ella transforme sus vidas.

El evangelio de hoy nos invita a “hacer experiencia” de Jesús. Maestro dónde vives? Vengan y lo verán. El camino de la fe comienza con una búsqueda, un deseo de encontrar algo que llene el corazón, que le dé sentido a la vida. Por eso, al encontrarse con Jesús y compartir la vida con él, todo empieza a cambiar, nuestra forma de pensar, nuestras actitudes. Queremos, desde nuestra pobreza, vivir como él: amar, perdonar, sanar, anunciar la salvación. A partir de ese encuentro nuestra vida es otra, vivimos de la esperanza, nos animamos a nuevos desafíos, nuestro límite es el cielo, nada puede impedirnos querer ser como él. Ni siquiera nuestro pecado, las limitaciones de nuestra vida de discípulos.

Ser cristiano entonces vale la pena, el Espíritu de Jesús nos transforma desde dentro para ayudarnos a vivir como personas resucitadas, capaces de aportarle al mundo una nueva mirada, un nuevo modo de ser, un rumbo y un destino de felicidad.

 
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