Padre Koffi Gilbert OPINA SANTIAGO

La discreción

Por el padre Koffi Gilbert - Párroco de María Auxiliadora

28/01/2018 -

Hoy quiero hablar de una virtud: la discreción. Una virtud para convivir, para vivir bien entre nosotros, como seres humanos.

La discreción es la virtud de la prudencia. En el juzgar, en el obrar, en el hablar, sobre todo, con mesura. Es saber proteger las sensibilidades de la vida propia y de la vida ajena; que pueden ser hasta secretos que sabemos del prójimo. Una persona discreta no invadirá ni violentará a la intimidad ajena. No comentará lo que debe callar, no llamará la atención en todas sus maneras de comportarse. Entonces la discreción es muy importante para la convivencia: la discreción como respeto a la vida de los demás; en la familia, en el trabajo, en todo lugar, para que podamos llegar a vivir con paz y, sobre todo, con felicidad.

El modo contrario a la discreción es la indiscreción, porque pensando que vamos a hablar la verdad, podemos llegar a frustrar a muchas personas, a llegar a que la gente no tenga confianza nunca más, no sólo únicamente en los sacerdotes, los obispos, cardenales o papas que deben vivir la discreción, sino en todos los cristianos, los fieles, que debemos llegar a poner en práctica esa virtud en nuestras relaciones.

En las escrituras hay muchos pasajes que hablan de la discreción. “La discreción califica de sensato y prudente a quien sabe hablar o callar a tiempo, o de necio o imprudente a quien carece de esa virtud. El sabio calla hasta el momento oportuno, pero el necio no tiene en cuenta las circunstancias” (Proverbio 10, 19 25-11).

El apóstol Santiago hace el elogio del uso prudente y discreto de la palabra, a la vez que señala los males que proceden del uso inmoderado de la lengua. Entonces podemos ver esa discreción con nuestro Maestro, con nuestro Salvador Jesús, que en todo momento ha vivido la discreción. No llama la atención para decirse el Salvador y tampoco el Mesías. Él ante todo, caminaba con nosotros en la discreción como los discípulos de Emaús, cuando estaba en la barca, durmiendo ha vivido esa discreción, después actuó con discreción.

Todos los santos en este mundo han vivido de esa manera. El ejemplo de San José, que sabemos era una persona discreta. No quería ocultar a María delante de todo el pueblo, y decidió romper en secreto el compromiso. Podemos imitar esa discreción natural para que podamos llegar a callar, no a encubrir, pero sí respetar su intimidad.

La Virgen María también ha vivido en esa discreción, no se mostraba como la madre de Jesús cuando ha ido a ver a Jesús, no ha querido entrar mientras la gente decía que la Virgen María quería ver a su hijo. Ha vivido siempre en esa discreción.

La discreción también la podemos llegar a vivir en nuestros lugares cotidianos, en la familia. No decir lo que vivimos en la familia, afuera de ella. Hay que guardar y respetar la intimidad de la familia; hay que vivir esa prudencia, no pensar que todo está afuera, hay que guardar algo de adentro.

Entonces, en nuestras realizaciones también podemos vivir esa discreción, esa humildad, esa prudencia, pero a veces debemos mostrar que somos personas grandes, pero hay que vivir con humildad, porque todo crece en la discreción; nos ayuda a ser grandes; es la humildad concreta.

¿Cómo los apóstoles han vivido esa discreción? ¿Cómo los santos han vivido esa discreción?

Hoy en nuestra Iglesia debemos ayudarnos, y ayudar también a las personas que no son de nuestra Iglesia, con las que vivimos y trabajamos; debemos hacer todo para evitar vivir en la desconfianza, porque nadie quiere hablar ni saber de los demás, no quiere saber nada de nadie porque no hay confianza.

Hoy nuestros jóvenes no quieren confiar en sus padres, porque no hay discreción, también los especialistas que quieren ayudar deben vivir esa discreción, porque los jóvenes hoy necesitan de esa discreción de alguien que los pueda ayudar. Si vamos a publicar y a decir todo lo que le ha pasado a los padres, no van a querer ver más a esos profesionales especialistas que los deben ayudar.

Hoy vamos a rezar por nuestra Iglesia, una Iglesia discreta, que enseña la prudencia; un Iglesia que vive en la humildad de quien todos nosotros debemos imitar: la Virgen María y a todas las personas que han valido la pena de vivir en la discreción y crecer en nuestra fe.

Que la Virgen María sea nuestro ejemplo; San José nuestro modelo, en esa virtud que es la discreción. Amén.

 
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