ANÉCDOTAS DE TAXI | ...¡Eran los de antes!

Por Víctor David Bukret.

12/02/2018 -

Como un ritual. Como un relojito, Don Miguel pide diariamente un remís, para ir a visitar a su esposa Nora, en el geriátrico.

La rutina de su espera, también es idéntica. Sentado en silla de totora, piernas cruzadas, diario enrollado en una mano, y cigarrillo en la otra. En cuanto llega el auto, lleva arrastrando en sus patas traseras la maltratada silla, cierra sin llave la puerta metálica, y tranca el portón con una suerte de lazo, que emboca en el poste que sobresale.

Casi siempre "Tom", uno de sus tres perros, queda afuera.

-¡Sotreta!, le dice al can, mientras me saluda con un golpecito en la rodilla.

-¡Qué tal don Miguelito!

-Llevame a mi vieja.

No soy bueno para calcular edad, pero seguro tiene más de setenta, y menos de ochenta. Me contó que Nora es menor en un mes a él. Jubilado de Vialidad Nacional, (pero con la mínima, según reniega), en cada viaje me cuenta de un tramo distinto de ruta, que le tocó hacer, durante su paso por la repartición.

Miguel parecía tener siempre buen humor, pero los domingos estaba más conversador.

La charla que les relato, se dio casualmente un domingo; hace pocos días; el pasado domingo.

Fue de regreso. Yo no lo llevé; fue con un compañero mío. Pero para la vuelta, una enfermera del lugar llamó a la empresa, y el coche que está más cerca es el que llega.

-He chango, ¡tanto tiempo!

-Hola don Miguel; si, me tome unos días de vacaciones, pero en casa me hicieron laburar el doble, eh!

-Ja ja ja, ¡CAGATE NOMAS!

-Si. Cortito me tiene la doña.

-No tengo el honor de conocerla, pero si se da, la vua felicitá, y que te tenga re cagando, porque ustedes, los remiseros son "amorcitos", ja ja ja ja.

-¿Nunca le conté que escribí un libro?

-No David. ¡CONTAME, PO!

-Bueno: ya le voy a prestar uno, y cuando lo lea, no le va hacer falta conocerla a mi mujer...

-¡Vendémelo pues!

-Listo. Mañana le alcanzo uno... Don Miguel: ahora que se da el tema, y espero no se moleste, ¿me deja preguntarle algo?

-Sí, querido.

-Con todo respeto; siendo que tanto tiempo, su esposa está con esa enfermedad, y usted sigue yendo religiosamente, con las mismas ganas de siempre, y ella que no lo recuerda, no sabe quién es usted, ¿cómo hace para seguir, para continuar? Digamé, si usted desea, porque yo amo a mi mujer, pero no sé realmente cuál es el límite...

-Sabes David, realmente tienes razón en todo lo que has dicho: "ella no sabe quién soy yo", pero ¡YO SÉ MUY BIEN QUIEN FUE ELLA!


 
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