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Las Islas Malvinas: entre el recuerdo y la esperanza (II)

Por Eduardo Lazzari. Historiador.

- 23:21 Santiago

IMPUESTO A LA PESCA

La pretensión argentina de cobrar impuestos a la “pesca” de lobos marinos y ballenas provocó resistencias en los buques balleneros que merodeaban las islas. Mientras Vernet viaja a Buenos Aires para presentar el problema y buscar una solución, se produce el primer incidente bélico cuando la corbeta estadounidense “Lexington” destruyó Puerto Soledad y deportó hacia Montevideo a los pobladores más representativos. Estalló un conflicto diplomático mientras el gobierno porteño nombraba a Juan Esteban Francisco Mestivier como reemplazante de Vernet. Instalado en las islas, su esposa dio a luz a su hijo, siendo uno más de los malvinenses argentinos. Hacia fines de 1832 un motín de los soldados asentados en Puerto Luis termina con la vida de Mestivier y deja a la población sumergida en el caos. El marino argentino José María Pinedo, que ostentaba el mayor grado en las Malvinas, trató de recomponer el orden social y el 3 de enero de 1833, recala en la capital de las islas la fragata “Clío” perteneciente al imperio británico, que impone la rendición de la guarnición argentina, y desaloja a la población que se estaba desarrollando.

Sigue siendo una polémica de la historia la presencia de banderas argentinas tomadas por los británicos. Pinedo sostuvo que no quedaron en las islas pabellones argentinos, y es la única declaración oficial al respecto. Luego, las acciones de Antonio Rivero, a quien se atribuye realizar los desmanes y saqueos contra las posesiones inglesas con la bandera celeste y blanca, son más bien una creación literaria posterior a los hechos, sin ningún sustento documental. Vale recordar que el gaucho Rivero fue encarcelado, enviado a Londres y juzgado, siendo absuelto porque se consideró que aún no regía la legalidad del imperio en las Malvinas. Eso hizo que el gobierno de Londres le diera jerarquía de gobernación a la guarnición existente y provocara la fundación de una nueva capital, a la que se llamó Stanley.

Múltiples fueron los reclamos diplomáticos argentinos por las islas, y permanentes en el tiempo. Cuando Domingo Faustino Sarmiento presentó sus cartas credenciales en Washington, al presidente de los Estados Unidos, a su vez reclamó por los daños producidos por la “Lexington” en la capital argentina de Malvinas. La creación del Comité de Descolonización en la Organización de las Naciones Unidas alentó la posición argentina y logró que en 1965, por el excelente trabajo del canciller del presidente Arturo Illia, Miguel Ángel Zavala Ortiz, se reconociera la existencia del conflicto de soberanía, y la existencia de una situación colonial, instando a las partes a negociar su solución. La resolución 2065 de la ONU es un monumento al buen trabajo diplomático argentino.

La guerra de 1982 merece un tratamiento aparte. Pero es deber de la memoria y la justicia histórica recordar a los únicos héroes que la Argentina tuvo en el siglo XX. Los 649 argentinos que dieron la vida por la Patria en el conflicto, y los cerca de 16.000 veteranos que pelearon en ella merecen el homenaje perpetuo de la Argentina. Hay que decir que se sabe el nombre de todos los héroes de Malvinas. Cuando fueron sepultados en los campos de batalla, quienes los enterraron, tomaron la chapa con sus nombres. En 1999, cuando se construyó el cementerio de Darwin, no fue posible ubicar cada nombre con cada cuerpo. De allí que hubo 121 placas que decían “Soldado Argentino solo conocido por Dios”. Es cierto que falta identificar con sus nombres a cada uno de los 31 cuerpos que yacen bajo esa lápida de granito negro. Pero no son NN. Tienen nombre y apellido, aunque no sepamos qué cuerpo se corresponde con cada nombre. Queda para más adelante lograrlo, pero sabemos el nombre de cada uno de nuestros héroes de Malvinas.

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