ANÉCDOTAS DE TAXI | ¡Cuántos quisieran tenerlos...!

Por Víctor David Bukret.

11/04/2018 -

En una de las bolsas verdes del supermercado, sobresalía una botella de vino blanco, de una marca muy promocionada en la televisión. Peinaba canas, de vestir modesto, y a pesar de barro en este día lluvioso, con los zapatos impecables.

En alguna esquina céntrica abordó. Sospeché que de reojo me miraba, y lo confirmé unas cuadras más adelante...

La sociedad nos inculcó prejuzgar que el varón que lo hace, es gay.

Avanzado el trayecto, y la conversación, descubrí que no. Que se trata de un tipo de personas que deambulan las ciudades, observando a la gente, tratando quizá de encontrar algún conocido, algún "hijo de vecino", o alguien que los reconozca a ellos...

En tono muy respetuoso, timidamente y con algunas indirectas, me invitó a visitarlo. Por más que la charla fue distendida y grata, esto ya excedía lo previsto. La decisión la tomé una semana después. Don Carlos, 68 años, viudo, jubilado ferroviario, manoa enormes, mirada cansada y solo. ¡MUY SOLO!

Soledad e inseguridad, que lo llevó a invitar a un desconocido a su casa, sólo porque se aburre, y desea charlar con alguien.

¡Qué lo parió! ¡Cómo hay abuelos y abuelas olvidados!

Al menos una vez por mes, me llego a visitarlo, saca dos sillas a la vereda, y no dejamos títere con cabeza.

Siempre tiene una picadita de fiambres, y aunque se enoja, al Norton blanco, lo llevo yo.


 
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