La preocupación excesiva

Por Bernardo Stamateas - Especial para EL LIBERAL

29/04/2018 -

La preocupación, o la ansiedad, excesiva consiste en tratar de resolver un problema en nuestra mente. Lo que hace la mayoría de la gente es analizarlo y darle vueltas una y otra vez. Pero nunca un problema se resuelve en la mente. Pensando solamente no se resuelven las cosas. ¿Cómo se resuelven las dificultades? Actuando.

¿Por qué hoy en día tantas personas viven preocupadas, ansiosas o, incluso, con ataques de pánico?

Porque confundimos hechos con hipótesis

Mezclamos hechos con hipótesis. Cuando confundimos los hechos con las hipótesis, aparece la ansiedad. Muchos levantan una hipótesis y esta siempre es negativa, catastrófica. Como resultado, surge la ansiedad, el pánico, y pueden llegar a enfermarse. Por ejemplo, si tu hija sale a la noche y no te llama, eso es un hecho. Ahora, vos podés pensar que le pasó algo, lo cual es una hipótesis, pero no hay que confundir hechos con hipótesis.

¿Qué tenemos que hacer ante un hecho que percibimos como negativo?

Pensar en muchas hipótesis, no en una sola. En general, nos sucede que siempre pensamos en la misma hipótesis negativa. Si tu hija salió a la noche y no te llama, ¿qué hipótesis podés levantar sobre eso? Que se está divirtiendo y se olvidó de llamarte; o que se quedó sin batería o sin crédito en el celular; o que no tiene señal en ese lugar. En lugar de pensar que pasó algo malo.

Para ser libres de la preocupación que nos daña, necesitamos aprender a ensanchar nuestras hipótesis y a no elaborar siempre una única hipótesis catastrófica. Esto implica pararse en el hecho. Por ejemplo, perder el trabajo es un hecho. Pero pensar: “No consigo nunca más trabajo, nadie me va a contratar después de los cincuenta” es una hipótesis negativa que te puede bloquear para modificar esa situación. Lo que hay que bloquear es esa clase de hipótesis y escoger pensar en varias posibilidades.

Porque nos preocupamos por todo

Lo primero que deberíamos hacer frente a un hecho es tratar de cambiarlo, ver la manera de modificarlo. Pero si lo intento y no puedo modificarlo, tengo que cambiar yo. Por ejemplo, si vas a viajar en avión y hay una tormenta eléctrica, por lo que el vuelo se suspende, en primer lugar tenés que aceptar lo que está sucediendo (porque no hay manera de modificar la realidad, de controlar el afuera). Y luego considerar otras opciones: viajar en auto o en micro, o quedarte un día más en el lugar y cambiar el vuelo.

Cuando no puedo modificar un hecho, tengo que cambiar yo.

Cuando adoptamos esta actitud, tal vez las circunstancias sigan exactamente iguales pero nosotros cambiamos. Y lo que es mejor: dejamos de preocuparnos innecesariamente y de desgastarnos con pensamientos que no se detienen y pueden afectar nuestra salud.

Algunas personas dicen: “Yo me preocupo por todo”. Pero no podemos preocuparnos por todo de la misma forma. Hay que priorizar y preocuparse (u ocuparse) más por ciertas cosas que por otras. Y tratar de ver el lado bueno de las cosas, pase lo que pase.

 
Compartí
esta nota

También te puede interesar