ANÉCDOTAS DE TAXI | ¡Monti!

Por Víctor David Bukret.

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Me desperté bohemio.

La magra recaudación de la primera mañana pasó a un segundo plano.

No me lo propuse, pero todo se transformó, o es que siempre manejé mirando, y no observando.

Veo que doña Marta regresa de sus compras matutinas, con menos bolsas que de costumbre. ¿Será la crisis?

Algunos brazos estirados me hacen las primeras paradas. Quiero creer que necesitan un taxi, pero me niego a frenar, porque, ya les advertí que me levanté bohemio y la inspiración se cortaría.

Inconscientemente giro a la derecha. Los arboles me indican que me interné en el Parque Aguirre. Una parejita me recuerda esos besos apasionados, que no sabían de mosquitos, dengue, caca de perros ni mal clima...

Paro. Bajo los vidrios.

Doy una bocanada del aroma a eucaliptos reinante... Avanzo despacio. El predio abandonado donde ahora es el Colegio de Arquitectos, está a mi derecha. El ex zoológico, a mi izquierda.

Recuerdo. Pienso: ¿Valió la pena el cautiverio, de tantos animalitos, y por tanto tiempo? Me dio ganas de fumar.

La radio de la empresa intenta desesperadamente comunicarse conmigo. Pues hay un reclamo que deben hacerme, de un cliente, un tipo que pretendía que lleve a su sobrino "hecho uva" del pedo que tenía, y entre tres lo traían en caracter de bulto para desparramarlo al lado mío... ¡NO SEÑOR! Bañenló, que se componga, y recién llame un remís.

No tengo fuego. No anda nadie a las nueve de la mañana de un irrelevante día jueves. Es decir, solo gente sana que sale a trotar.

Salgo hacia el centro de la ciudad. Un ciruja dormita al pié de un algarrobo. A mi paso abre un solo ojo. En la esquina, dos changos lavan un auto gris, y me ofrecen estacionamiento. Creo conocerlos. De la tribuna, del barrio, o de algún vino compartido. Después de varios días de lluvia y barro, mi coche precisa de sus servicios, pero continúo.

Decido parar a la seña de un elegante señor, vestido con saco y corbata. No sé por qué, pero ésa diminuta prenda, ya me genera desconfianza.

-Al penal de varones, por favor.

Hicimos el corto trayecto sin intermediar palabras. Ninguno de los dos tomó la iniciativa. Solo unos metros antes de llegar, me preguntó si podía esperarlo...

En el lugar dónde me detuve, estaba prohibido estacionar, situación que se la hice saber al señor.

-"¡SOY JUEZ FEDERAL, PIBE, NADIE TE VA A DECIR NADA!

Imaginé que vendría a liberar a alguien... O a darle cinco años más.

Mientras aguardo, diviso a las palomas, (que ya les conté una vez), que son alimentadas en una ventana por los presos... Esa paradoja de que a los privados de libertad, los visiten las aves sinónimo de la libertad. Luego pensé, que por dentro debe parecerse a un "zoológico de personas"...

¿Hay diferencia entre una jaula y la reja de una celda?

¡Qué se yo! ¡Pero al menos los animales del zoológico de Santiago, lograron la libertad!


 
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