Para vivir mejor PSICOLOGÍA

Delirio místico

Por el Lic. Mariano Vega Botter Neuropsicólogo

08/07/2018 -

D urante el siglo XVII el concepto de locura se basaba sobre todo en el de delirio, de tal modo que “estar loco” era igual a “tener delirios” y viceversa. En la actualidad, si pidiéramos a una persona cualquiera que describiera su imagen prototípica de un “loco” es muy probable que nos dijera que es aquel que se cree Napoleón o que afirma que lo persiguen los marcianos.

Dicho de otra manera, aunque hemos adquirido una visión más amplia de la persona que padece problemas mentales, el delirio sigue formando parte de las características del estereotipo, además de ser uno de los criterios diagnósticos que más llaman la atención. Etimológicamente la palabra delirio deriva del término latino delirare, que significa salirse del surco labrado. Aplicado al pensamiento sería algo así como “pensar saliéndose del surco normal”. En sentido lego, delirar significa “desvariar, tener perturbada la razón”. En el lenguaje habitual delirar es prácticamente sinónimo de locura, sinrazón, desvarío o pérdida de realidad.

La definición más conocida y citada es la que ofrece Jaspers en su Psicopatología General (1975). Para Jaspers, los delirios son juicios falsos, que se caracterizan porque el individuo los mantiene con gran convicción, de manera que no son influenciables ni por la experiencia ni por conclusiones irrefutables. Además, su contenido es imposible.

Para identificar a un delirio como tal deberíamos tener en cuenta el grado en el que la experiencia se ajusta a los siguientes puntos: Se mantienen con absoluta convicción. Se experimentan como una verdad evidente por sí misma, con una gran trascendencia personal.

No se dejan modificar por la razón ni por la experiencia. Su contenido es a menudo fantástico o cuanto menos intrínsecamente improbable.

Las creencias no son compartidas por los otros miembros del grupo social o cultural.

La persona está preocupada con la creencia y le resulta difícil evitar pensar o hablar sobre ella. La creencia es fuente de malestar subjetivo o interfiere con el funcionamiento social de la persona y con sus ocupaciones.

En suma, los delirios se caracterizan por ser conceptualmente muy complejos, y quizá por ello resulta tan difícil “encerrarlos” en una definición.

Características

El delirio místico es una interpretación de la realidad que tiene tres características:

La primera es que dicha interpretación tiene como contenido central el tema religioso.

La segunda, que se basa en un juicio que no es compartido por la sociedad o la cultura en la que se produce.

La tercera es que esta situación provoca un gran malestar a la persona y afecta su relación con los demás y a su desempeño en la vida social.

El delirio místico también ha sido llamado delirio mesiánico porque es usual que quien lo padece se sienta elegido para cumplir una determinada misión, encomendada por la divinidad. Dada la dificultad de poner límites precisos a una creencia religiosa, el delirio místico a veces no es fácil de detectar.

El factor determinante en el delirio místico es el efecto negativo que provoca en la persona. Alguien puede tener creencias que le resultan absurdas a los demás y, aun así, no se les podría catalogar como delirio, en tanto que no le llevan a la angustia y la desadaptación. Más que la veracidad o falsedad, lo que convierte a un contenido mental en delirante es la intensidad, la persistencia y el daño que le ocasiona a la persona dicho contenido mental.

 
Compartí
esta nota

También te puede interesar