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EL LIBERAL . Santiago

La falta de empatía, afecto y crianza causan al niño traumas por parte de sus padres (1ª parte)

22/09/2018 21:32 Santiago
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¿CóMO NOS AFECTAN

NUESTROS PADRES

NUESTRA SALUD

MENTAL DESDE NIÑOS?

El entorno familiar es en ocasiones ese sustrato

envenenado capaz de generar algo más que sufrimiento.

A menudo, los padres afectan a nuestra salud

mental; hay dinámicas en las que nuestros progenitores

nos sumen desde edades muy tempranas

en situaciones de estrés, de angustia, de humillación

o indefensión. Son realidades muy duras

que nos acompaÑan en edades adultas.

Decía Oscar Wilde en una de sus obras

que “casi nadie es consciente de lo que ocurre

en el interior de un hogar”. A menudo,

una casa con sus ventanales y sus puertas

cerradas es el escenario idóneo para que

acontezca la historia más aterradora. Esa

donde las madres, los padres o cualquier

otro familiar dan forma a un drama invisible,

ese que a menudo pasa inadvertido

para el resto de la sociedad.

Asimismo, hay un dato que no debe

pasarnos inadvertido. El impacto de una

crianza deficiente y el consecuente daÑo

psicológico puede transmitirse de una generación

a otra.

Es decir, esos traumas generados por

la falta de apego, el abuso, la violencia física

o psicológica o cualquier otro condicionante

que afecte al óptimo desarrollo

psicoemocional del niÑo, no se queda

ahí. Trasciende, impacta en

la salud mental, altera incluso

nuestro desarrollo cerebral

y puede derivar incluso

en trastornos psicológicos,

esos que pueden

afectar a su vez a la

crianza de los propios

hijos.

CUANDO LOS PADRES

AFECTAN A NUESTRA

SALUD MENTAL

Los padres afectan a nuestra salud mental. Así, un

entorno familiar seguro, rico en nutrientes emocionales

y favorecedor de identidades y autoestimas conformará

en nosotros la oportunidad de llegar a la edad

adulta con excepcionales habilidades neuropsicológicas.

Por el contrario, los estilos de crianza deficitarios

aumentan la probabilidad de que nuestro tejido neuropsicológico

se vea seriamente afectado.

Es más, sabemos que en la actualidad la principal

causa de los problemas emocionales y conductuales de

los más pequeÑos sigue siendo el entorno familiar y las

dinámicas que allí se inscriban. De hecho, hace muy poco

se publicó un estudio en el Journal of Family Pshycology

llevado a cabo por la Universidad de Texas, en

el que se hablaba de que un simple azote en el trasero

puede tener consecuencias muy negativas.

Cualquier gesto, palabra y conducta donde la agresividad

esté implícita o explícita deja huella, altera el

comportamiento del niÑo y lo peor de todo: esa acción

queda impresa en el cerebro del niÑo. Así, cuando los

pequeÑos crecen en estos entornos o bajo la sombra de

ciertas estrategias educativas que los progenitores asumen

como adecuadas, pero que no lo son (azotes, estilos

de comunicación agresivos, educación autoritaria…),

suelen presentar ciertas características:

• Baja autoestima.

• Asumir que las propias necesidades no son importantes.

• Entender que expresar las emociones es algo negativo

y poco correcto.

• Aceptar que esas dinámicas (agresividad, maltrato,

falta de respeto) es algo común y hasta permisible.

Por otro lado, el hecho de crecer en estos contextos

hace que cada vivencia se cristalice en uno mismo de un

modo determinado. Habrá sin duda quien logre superar

el peso de esa sombra oscura de su vida. Sin embargo,

una buena parte de las personas es más vulnerable y

verá su salud mental seriamente afectada.

FORMAS EN LAS QUE LOS

PADRES AFECTAN A NUESTRA

SALUD MENTAL

Una de las formas más comunes en la que las personas

terminan manifestando el impacto de una infancia

traumática, así como de una familia disfuncional,

es a través del estrés crónico.

ESTADOS DE ESTRéS

PERMANENTE

Cuando un niÑo vive en un entorno inestable, donde

no siente el apego de una figura de referencia, donde

se percibe inseguro y no amado, experimenta estrés.

Ese tipo de estrés es agudo al principio, pero a

medida que se alarga en el tiempo adquiere un estado

más incisivo, latente y permanente.

Así, el estrés crónico termina incluso por alterar la

funcionalidad cerebral, afecta a la atención, a la memoria,

se traduce a menudo en hiperactividad, en mala

gestión emocional.

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