La falta de empatía, afecto y crianza causan al niño traumas por parte de sus padres (1ª parte) La falta de empatía, afecto y crianza causan al niño traumas por parte de sus padres (1ª parte)
¿CóMO NOS AFECTAN
NUESTROS PADRES
NUESTRA SALUD
MENTAL DESDE NIÑOS?
El entorno familiar es en ocasiones ese sustrato
envenenado capaz de generar algo más que sufrimiento.
A menudo, los padres afectan a nuestra salud
mental; hay dinámicas en las que nuestros progenitores
nos sumen desde edades muy tempranas
en situaciones de estrés, de angustia, de humillación
o indefensión. Son realidades muy duras
que nos acompaÑan en edades adultas.
Decía Oscar Wilde en una de sus obras
que “casi nadie es consciente de lo que ocurre
en el interior de un hogar”. A menudo,
una casa con sus ventanales y sus puertas
cerradas es el escenario idóneo para que
acontezca la historia más aterradora. Esa
donde las madres, los padres o cualquier
otro familiar dan forma a un drama invisible,
ese que a menudo pasa inadvertido
para el resto de la sociedad.
Asimismo, hay un dato que no debe
pasarnos inadvertido. El impacto de una
crianza deficiente y el consecuente daÑo
psicológico puede transmitirse de una generación
a otra.
Es decir, esos traumas generados por
la falta de apego, el abuso, la violencia física
o psicológica o cualquier otro condicionante
que afecte al óptimo desarrollo
psicoemocional del niÑo, no se queda
ahí. Trasciende, impacta en
la salud mental, altera incluso
nuestro desarrollo cerebral
y puede derivar incluso
en trastornos psicológicos,
esos que pueden
afectar a su vez a la
crianza de los propios
hijos.
CUANDO LOS PADRES
AFECTAN A NUESTRA
SALUD MENTAL
Los padres afectan a nuestra salud mental. Así, un
entorno familiar seguro, rico en nutrientes emocionales
y favorecedor de identidades y autoestimas conformará
en nosotros la oportunidad de llegar a la edad
adulta con excepcionales habilidades neuropsicológicas.
Por el contrario, los estilos de crianza deficitarios
aumentan la probabilidad de que nuestro tejido neuropsicológico
se vea seriamente afectado.
Es más, sabemos que en la actualidad la principal
causa de los problemas emocionales y conductuales de
los más pequeÑos sigue siendo el entorno familiar y las
dinámicas que allí se inscriban. De hecho, hace muy poco
se publicó un estudio en el Journal of Family Pshycology
llevado a cabo por la Universidad de Texas, en
el que se hablaba de que un simple azote en el trasero
puede tener consecuencias muy negativas.
Cualquier gesto, palabra y conducta donde la agresividad
esté implícita o explícita deja huella, altera el
comportamiento del niÑo y lo peor de todo: esa acción
queda impresa en el cerebro del niÑo. Así, cuando los
pequeÑos crecen en estos entornos o bajo la sombra de
ciertas estrategias educativas que los progenitores asumen
como adecuadas, pero que no lo son (azotes, estilos
de comunicación agresivos, educación autoritaria…),
suelen presentar ciertas características:
• Baja autoestima.
• Asumir que las propias necesidades no son importantes.
• Entender que expresar las emociones es algo negativo
y poco correcto.
• Aceptar que esas dinámicas (agresividad, maltrato,
falta de respeto) es algo común y hasta permisible.
Por otro lado, el hecho de crecer en estos contextos
hace que cada vivencia se cristalice en uno mismo de un
modo determinado. Habrá sin duda quien logre superar
el peso de esa sombra oscura de su vida. Sin embargo,
una buena parte de las personas es más vulnerable y
verá su salud mental seriamente afectada.
FORMAS EN LAS QUE LOS
PADRES AFECTAN A NUESTRA
SALUD MENTAL
Una de las formas más comunes en la que las personas
terminan manifestando el impacto de una infancia
traumática, así como de una familia disfuncional,
es a través del estrés crónico.
ESTADOS DE ESTRéS
PERMANENTE
Cuando un niÑo vive en un entorno inestable, donde
no siente el apego de una figura de referencia, donde
se percibe inseguro y no amado, experimenta estrés.
Ese tipo de estrés es agudo al principio, pero a
medida que se alarga en el tiempo adquiere un estado
más incisivo, latente y permanente.
Así, el estrés crónico termina incluso por alterar la
funcionalidad cerebral, afecta a la atención, a la memoria,
se traduce a menudo en hiperactividad, en mala
gestión emocional.








