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Enrique Telémaco Susini: el jefe de "Los locos de la azotea" (primera parte)

“LOS LOCOS DE LA AZOTEA”- LUIS ROMERO CARRANZA CÉSAR GUERRICO MIGUEL MUGICA Y ENRIQUE TELÉMACO SUSINI

“LOS LOCOS DE LA AZOTEA”: LUIS ROMERO CARRANZA, CÉSAR GUERRICO, MIGUEL MUGICA Y ENRIQUE TELÉMACO SUSINI

27/10/2018 21:23 Santiago
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La Argentina tuvo, durante

el siglo XX, personajes

legendarios que hicieron

posible que el país alcanzara

logros poco imaginables

a mediados del siglo XIX. Los

avances institucionales, las mejoras económicas

y sociales y sobre todo el aporte

inmigratorio fueron el caldo de cultivo

que permitió que la Argentina se convirtiera

en un país moderno en el que fueron

sorprendentes algunos desarrollos que la

caracterizaron como uno de los ejemplos

entre las naciones del mundo.

Uno de esos personajes legendarios,

sin duda, fue Enrique Telémaco Susini, a

quien se lo recuerda fundamentalmente

por su participación en la creación de la

radiofonía argentina en 1920. Pero su

historia es mucho más apasionante que

ese extraordinario hecho. Es uno de los

hombres más polifacéticos de la cultura

argentina: científi co, artista, inventor,

empresario, escenógrafo, tecnólogo y

promotor. Podríamos defi nirlo, para usar

el lenguaje actual, como el primer innovador

argentino.

INFANCIA,

JUVENTUD Y

FORMACIóN

Enrique Telémaco (nombre que parece un destino) Pedro

Susini nace en Gualeguay, provincia de Entre Ríos, el 31 de

enero de 1891, en los tiempos iniciales de la presidencia de

Carlos Pellegrini, el “piloto de tormentas”. La familia conformada

por Telémaco Susini y Enriqueta Laurencena, dos apellidos

que formarán parte de la historia moderna de Entre

Ríos, tendrá cinco hijos, de los cuales Enrique será el mayor y

seguidor de la profesión de su padre. Don Telémaco fue profesor

en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional

de Buenos Aires y el primer otorrinolaringólogo del país.

A principios del siglo XX la familia se traslada a Viena, que

era por entonces la capital del imperio austro-húngaro, porque

Telémaco es nombrado cónsul allí.

Fue el lugar donde Enrique comienza

a mostrar su carácter “renacentista”.

Decide, a los 15 años, ingresar

al Conservatorio y estudiar

la interpretación del

violín y aprende a cantar. En

Berlín y París estudia química

y física, y regresa al país

en 1909, cuando se inscribe

en la facultad en la que enseñaba

su padre, y a los 22 años

recibe el título de médico. Al terminar

sus estudios, se dedica al periodismo

y es fundador de la Asociación

de la Crítica. Se casó con Alicia Rosa Arderius.

La marina de guerra lo contrata en 1915 para el estudio

de las consecuencias de las sustancias químicas en el

cuerpo humano, al registrarse el uso de venenos como arma

durante la Gran Guerra. Los conflictos bélicos a gran escala

siempre generan, paradójicamente, avances tecnológicos

formidables. La primera guerra mundial no iba a ser la

excepción. Enrique Telémaco Susini, junto a varios colegas,

son enviados al escenario europeo para investigar todo lo

vinculado al impacto de las armas químicas que se utilizaban

en las batallas, sobre todo el gas naranja, que causó estragos

en las trincheras.

RADIO Y

TELEVISIóN

El viaje a Europa produjo una gran impresión en el carácter

de Susini y sus compañeros, debido a la destrucción que

produjo la guerra. Por otro lado, las comunicaciones entre los

mandos de cada ejército utilizaban la nueva tecnología de la

radiotelegrafía, difundida en el mundo por el italiano Guillermo

Marconi, quien había visitado la Argentina en 1910, para los

festejos del Centenario, y desde las afueras de Buenos Aires,

logró comunicarse con América de Norte y las islas británicas

sin soporte material. Los campos de batalla se convirtieron en

campos de restos humanos, ruinas edilicias y también, lugar

de abandono de los primitivos equipos de comunicación.

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