“Identificar un síntoma y consultar rápidamente, permite salvar áreas fundamentales del cerebro”

Dr. Diego Pavón. Neurocirujano.

05/11/2018 -

La importancia de un accidente cerebro vascu­lar es tan grande que es la segunda causa de muer­te en adultos y la primera causa de discapacidad. Es decir que tiene una repercusión social muy importan­te, y es muy frecuente. Hay un nuevo accidente cere­bro vascular cada cuatro minutos y aproximadamen­te 20 nuevos casos en el año en la Argentina, sumado a que muchos pacientes queden con secuelas y ha­ce que la población que tenga referencia de un ACV sea muy grande.

Así como cuando a uno le duele el pecho pien­sa que puede ser algo cardíaco, hay síntomas que nos hacen pensar que puede haber un cuadro neu­rológico.

El 80% de los ACV es isquémico, se debe a que un vaso se ha tapado.

Ahora bien, los factores de riesgo para que un va­so se tape son la edad del paciente, la diabetes, la hi­pertensión, el tabaquismo y el sedentarismo, como principales factores que tienen que ver con esto. La edad es inmodificable, pero todos los demás factores se pueden prevenir y tratar mejor.

El 20% se debe a que un vaso se rompe y se lla­ma ACV hemorrágico. En el momento en que ocurre no es posible distinguir a qué causa se debe, pero sí, los síntomas están en el mismo grupo de los cinco.

Siempre hubo ACV en personas jóvenes. Y en es­te grupo de población que se determina por deba­jo de los 40 años, los factores de riesgo son diferen­tes y muchas veces son cuestiones constitucionales. Los estudios en los pacientes jóvenes son distintos que en los pacientes mayores de 40 años. Hay que hacer toda una batería de estudios porque hay otras causas que tienen que ver con algo mucho más es­pecífico.

Pero un ACV puede ocurrir en niños, jóvenes o adultos.

Puede suceder que alguien sufra un ACV porque no reconozca los síntomas como una posible cau­sa de accidente cerebrovascular. Por ejemplo, notan torpeza para manejarse y hacen la consulta al día si­guiente. Reconocer un síntoma y consultar rápida­mente permite salvar algunas áreas del cerebro que son fundamentales.

Cuando uno sufre un ACV tiene un período dentro del cual a veces es factible revertir completamente el cuadro, y otras veces minimizar el daño que puede provocar. Esa ventana terapéutica depende mucho de que el paciente o un familiar reconozca que puede ser un evento de este tipo. Hay tratamientos que han logrado extender esta ventana de tiempo, con lo cual, siempre que la consulta sea precoz, existe algo que se puede hacer.

El tiempo desde que inician los síntomas hasta que recibe la asistencia médica, es fundamental. En nuestro centro de Strout, hemos recibido a pacien­tes que han llegado con síntomas absolutamente dis­capacitantes, pero han concurrido muy rápidamente, han logrado revertir completamente el cuadro neuro­lógico y han seguido con su vida habitual. Otros pa­cientes que han concurrido más tarde, los resultados han sido que se ha limitado el daño que se ha produ­cido, lo que podía haber sido una parálisis completa ha sido parcial, y eso, con el tiempo y rehabilitación, logra una mejoría final. Y lamentablemente, hay cua­dros que están fuera del período de ventana, donde ya no era factible hacer nada. En ese caso la rehabili­tación logra mejorar la condición neurológica, pero es importante continuar con las medidas de prevención, para evitar que se produzca de nuevo, porque una persona que ha tenido un ACV tiene más chances de padecer un nuevo evento que el que nunca lo tuvo.


 
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