Puntos de Vista MITOS Y VERDADES

“No se puede manipular el sentimiento del otro”

EMILY AZAR PSICÓLOGA

19/11/2018 -

Desde el punto de vista epistemológico, en el tema de las personas que dicen curar dolencias físicas o mentales hay una cuestión diferencial entre lo que es el conocimiento por sentido común y el conocimiento científico.

¿Por qué la gente acude a ellos? Hay varias razones, entre esas las cuestiones culturales. Las familias tiene por tradición muchas veces ir a tal o cual persona para que las ayuden en resolver cuestiones que no pueden resolverlas solas.

Nosotros vivimos socialmente en donde está muy instalada la idea de que uno “si quiere, puede”. Y si quiere, “tiene la forma de llegar y conseguir todo”. Y las soluciones rápidas tienen que ver con entrenamiento para lograr lo que uno quiera.

Sin embargo, una persona no podrá lograr lo que quiera en lo que respecta a los sentimientos. No se puede manipular el sentimiento del otro. Entonces, las ofertas de “amarre”, de tener a la persona deseada, son una tentación porque se busca que otro ayude con eso que uno no estás pudiendo. Terapéuticamente, si una persona va a la consulta, se revisa por qué esa insistencia con la otra persona, por qué atosigar a la otra persona, y las demandastes muchas veces saben que tiene que ver con ellos mismos.

Cuando se empieza a divulgar el conocimiento, los libros no llegaban a donde había menor cantidad de personas, porque en esos lugares, los oficios era lo que más se hacían; la gente hacía lo que podía con el cuerpo, con las hierbas naturales y jugaba mucho la superstición. Y en esto todavía hay un signo de preguntas sobre hasta dónde es superstición y hasta dónde es real. Hoy en día se hablan de cuestiones energéticas, y se ve que algo de resultados tienen.

Hay cuestiones que tienen que ver con ritos. Si yo curo de palabra, y quiero enseñarle a otro a hacerlo, tengo que esperar a una determinada fecha del año para poder hacerlo. Entonces, se supone que hay un saber que no lo tiene cualquiera, y por eso se acude a gente que los llaman “curanderos”, “chamanes”, “brujos”. Hay una frase que dice: “Querer es 99 por ciento de poder”. Ese uno por ciento vendría a ser el que se le adjudica a estas personas. Personas que toman el curanderismo como una profesión.

Desesperanza

Quien busca soluciones en estas personas está desequilibrada, desesperanzada, y seguro ya ha intentado otras cosas que no le resultaron. No creo que vayan de “buenas a primeras”. La búsqueda de chamanes se da cuando la persona no sabe encontrar el rumbo de su vida, y también lo hacen quienes buscan controlar su vida y un reaseguro para saber cómo seguirá.

Esto abre la pregunta de si es realmente cierto lo que le dicen los curanderos. Nosotros intentamos ver hasta dónde, lo que le promete esta gente, tiene poder, porque hay personas que recorren kilómetros para llegar a lugares inhóspitos, inusitados, haciendo colas por horas para que lo atienda una persona de éstas.

No desmerecemos a nadie. Quizás, esa persona puede tener conocimiento sobre una casuística particular.

El profesional lo que hace es brindar alivio a la persona que está desesperanzada. Al reducir el factor de estrés, se produce un mayor estado de conciencia, lo cual hace que pueda ir tomando otras decisiones.

Hay quienes aseguran que existen las cosas buenas y las malas, y esta cuestión dicotómica se mantiene. Por ejemplo, el poder del discurso religioso se mantiene, y el poder adjudicado a la sanación de los dioses, a las catástrofes y a los castigos, también.

La gente que busca hacer cosas malas a los demás, tiene un sufrimiento de fondo. Es un sufrimiento inverso, que se manifiesta porque dolió una actitud del otro, y por eso reacciona.

Si nos damos cuenta, cuando una persona está bien, cuando se siente bien, es muy raro que sintonice con lo negativo.

Consecuencias

Ir a un curandero después puede generar dudas, paralización y desfocalización de lo que está pasando, en aquellas personas que buscaron soluciones mágicas. Todo esto termina en casos de angustia.

Esto es sostenido por la ignorancia sobre los tratamientos médicos y por las limitaciones que uno tiene sobre lo afectivo de los otros.

Igualmente creo que hay gente que hace estas cosas, y hay gente que va y lo sostiene en el tiempo, es porque algo de beneficio tienen. Por eso, no enjuiciaría del todo a estas prácticas, porque sabemos que sí están.


 
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