Evangelio según san Mateo 11,28-30

12/12/2018 -

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Comentario

El texto de la primera lectura pertenece al libro de la Consolación (40-55). El pueblo se encuentra en el destierro en Babilonia instalado en el desaliento, el desánimo y la desesperanza. Ha perdido su tierra, y con ello no solo ha perdido sus raíces, su patria, su identidad, sino que experimenta el abandono de su Dios que le había prometido esa tierra (Gn 12,7). Entonces se interroga: ¿Acaso las promesas de Dios no son irrevocables? ¿Ha abandonado Dios a su pueblo?

El capítulo 40 presenta una tensión entre Dios y su pueblo. En medio de su desconsuelo, Dios le invita a mirar al cielo y maravillarse con la creación: "¿Con que Dios podéis compararme?" Quiere hacerle caer en la cuenta a través de la grandeza de la creación que puede descubrirlo aún en esa situación de pesadumbre. Él siempre está ahí.

Junto a ello, también interpela su queja: "¿Por qué andas diciendo, y por qué murmuras: Al Señor no le importa mi destino?" Dios mismo responde a esa pregunta: Él no es como los otros dioses, es un Dios eterno, su inteligencia es insondable. Dios no se cansa en su actividad, ni en la creación ni en la historia, por eso continuamente "fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto". Aquellos que esperan en el Señor, no se desesperan porque son dotados de una energía tal que "corren y no se fatigan, caminan y no se cansan". Ya no cabe el abatimiento, la monotonía, la rutina o la depresión. El Señor da alas para volar, desplegándolas por encima de cualquier situación, pase lo que pase. Necesitamos de esa energía para vivir nuestro día a día, para afrontar las pequeñas o las grandes contrariedades de la vida. Sólo hemos de creérnoslo. La palabra de Dios se cumple, lo que Él dice lo hace.

El texto del evangelio de hoy es propio de Mateo, por lo que no lo encontramos en ningún otro evangelista. Estos tres versículos, cargados de significatividad, constituyen una invitación de Jesús a aquellos que están cansados y agobiados a través de tres imperativos: "Venid a mi" (Ecl 24,19; 51,23), "tomad mi yugo" (Ecl 6,24-25;51, 26) y "aprended de mí".

Al leer el texto, uno no puede menos que preguntarse algo aparentemente contradictorio: ¿cómo puede encontrarse descanso cargando con un yugo? Jesús mismo intuyendo la cuestión, responde a la pregunta: "porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera". Sin embargo, para entender la verdadera dimensión de las palabras del Maestro, hemos de recurrir al significado del yugo, tanto en el Antiguo Testamento, como en la vida cotidiana.

En cuanto a los textos veterotestamentarios, el yugo tiene un carácter simbólico. En el libro del Eclesiástico se nos habla del yugo como la instrucción, como la misma Torá: "Someted vuestro cuello a su yugo y recibid instrucción: está ahí, a vuestro alcance" (51,26). Por otro lado, quienes viven en ambiente rural, pueden fácilmente identificar el yugo con un objeto de madera que unce a dos animales iguales. Con él se les obliga a ambos a compartir el peso de la carga que soportan, a la vez que a caminar entrelazados al mismo ritmo.


 
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