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Fiesta del bautismo del Señor: 13 de enero del 2019

Lucas 3, 15-16. 21-22.

- 22:56 El Evangelio

Jesús portador el Espíritu Santo

El pueblo esperaba con ansiedad la venida del Mesías, por eso cuando Juan predica en el desierto llamando a la conversión, muchos creen que es el Mesías que Israel esperaba. Por ese motivo, y para superar la confusión de la gente, Juan dice que él no es el Mesías, porque bautiza con agua, y el que viene, es más fuerte, y los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Sin dudas que Jesús compartió con Juan la necesidad de una conversión profunda del pueblo, de sus corazones, pero también de las estructuras de pecado que mantiene relaciones humanas esclavizantes e injustas. Por eso, él mismo se deja bautizar por Juan en el Jordán, pero paulatinamente Jesús comprende que la salvación no viene de un Dios, juez severo, que propicia la destrucción del pecador, sino de un Padre que quiere la salvación de todos, porque él es un Dios de misericordia. Por eso Jesús deja el desierto, para ir a Galilea donde comenzará su anuncio de la llegada del Reino. No se trata de aislarse de la realidad sino de ir donde la vida fluye, donde las personas se enfrentan a diario con su libertad y sus deseos de felicidad en un contexto desfavorable, de opresión, de injusticia e indignidad. Para manifestar el amor de Dios, Jesús se dedica a hacer el bien, cura a los enfermos, rescata a los últimos de la sociedad juntándose con ellos, pecadores, prostitutas, campesinos empobrecidos, mujeres y niños maltratados. Come con ellos y les enuncia la alegría de la llegada del Reino, ahora, todo empieza a cambiar, los últimos serán los primeros., los pecadores perdonados, los enfermos sanos, y hasta los muertos van a resucitar. Jesús es el juglar de Dios, sus parábolas son un canto de alegría que mueve a la conversión auténtica, sin embargo, también su discurso será duro con aquellos que empobrecen al pueblo y lo someten a prácticas injustas. Portador del Espíritu Santo y fuego, transita por los caminos de Galilea devolviendo la esperanza al pueblo: una vida nueva es posible, todo puede cambiar, se trata de abrazar con fe y confianza al Espíritu que se derrama sobre cada uno, el mismo Espíritu que lo induce a profetizar y a realizar signos de providencia que sanan y salvan al pueblo.

Conclusión

Muchos cristianos se han quedado en la religión del Bautista, la del bautismo con agua, que nada modifica sus vidas, viviendo una religión superficial y acomodaticia a las propias necesidades personales y sociales. Acuden al templo a buscar la bendición de Dios, pero lejos están de recibir al Espíritu Santo, lejos de dejarse convertir por su acción santificante. Recordar y celebrar el Bautismo de Jesús es una invitación a dejarse transformar por el Espíritu Santo, para ser como Jesús, vivir como él vivió, haciendo el bien, dando alegría a los tristes, animando a los caídos, sosteniendo a los débiles, anunciando buenas nuevas de libertad para todos.

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