Evangelio según san Marcos (2,13- 17)

19/01/2019 -

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.

Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: "Sígueme".

Se levantó y lo siguió.

Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían. Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: "¿Por qué come con publicanos y pecadores?"

Jesús lo oyó y les dijo: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores".

Comentario

Hace unos días veíamos como Jesús llamaba a su seguimiento a dos parejas de hermanos: Pedro y Andrés, Santiago y Juan. No nos detuvimos en los detalles. Hoy encontramos un nuevo relato de llamada: la de un despreciable publicano. Leví tenía todas las contraindicaciones para formar parte del séquito de un profeta; era traidor a su pueblo y colaboracionista con el poder romano opresor; e incurría constantemente en impureza, al tratar con los funcionarios paganos para entregarles lo recaudado. Probablemente era también ladrón, cobrando más de lo debido a gente analfabeta e indefensa.

Pero en la llamada a ser seguidor de Jesús no cuentan méritos humanos, pues la iniciativa es solo de él. Podemos darnos cuenta de que Jesús es el sujeto de los tres primeros verbos: pasaba por el muelle, vio a Leví, le llamó. Leví no le esperaba, ni consta que desease cambiar de oficio; en esta primera parte de la escena es personaje pasivo, mero receptor de un don.

Históricamente hablando cabe suponer que el episodio fue más complicado; nadie se marcha, sin más ni más, con un desconocido; nadie aventura su futuro dejando el empleo sin garantizarse otra forma de economía para sí y para su familia. Pero los evangelistas han reducido la narración a mínimos: el creyente debe saber que, si Jesús llama, no se le ponen objeciones, no se le piden razones ni se hacen cálculos. ¡Es el Señor!

Con esta nueva incorporación, el grupo que rodea a Jesús comienza a ser cuestionable. Seguramente más de un observador se hizo las consideraciones más tarde encontraremos en un tal Simón, cuando, en su casa, Jesús se deje agasajar por una prostituta: "Si este fuese profeta, sabría..." (Lc 7,39). 


 
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