“Id por todo el mundo y predicad el evangelio”

Evangelio según San Marcos 16,15-18.

25/01/2019 -

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos”.

Reflexión

En este relato de los hechos se nos narra la conversión de san Pablo camino de Damasco. Saulo, un judío estricto y convencido, que persigue a los cristianos, se encuentra con la intervención de Dios que se cruza en su camino: “¿Saulo, por qué me persigues?” Una teofanía que le desmorona y le absorbe. Que le deja fuera de juego, encandilado en lo que ha visto y oído, pendiente de acudir a Damasco, donde recibirá su vocación. No va a perseguir más a los cristianos, sino que será el testigo elegido de Jesús para todas las naciones. Una experiencia de Tabor, donde Jesús resucitado se presenta en toda su magnanimidad para abrir su mente y fortalecer su corazón en la nueva misión que le tiene preparada. Saulo se convier te en Apóstol del Señor, testigo del resucitado, con toda la fuerza de su ser. Acepta con toda su alma esa misión, hasta el punto de confesar “Ay de mí si no evangelizara”. Ha entendido lo que Jesús quiere de él y a ello dedicará toda su vida y sus esfuerzos. Prototipo perfecto para nosotros cuando nos encontramos con el Señor y nos enamoramos como Pablo de esa misión evangélica de anunciar la misericordia y la gracia de Dios para todos los hombres. Encontrarse con el resucitado es percibir el amor de Dios que sobrepasa todas nuestras realidades y nos urge a ser sus testigos. Eso mismo es lo que refleja este final del Evangelio de Marcos. En él se nos narran las últimas apariciones de Jesús antes de su ascensión a los cielos a la diestra de Dios. Jesús resucitado aparece reprendiendo la incredulidad de los discípulos por no haber creído a los que le habían visto resucitado de entre los muertos. Esa incredulidad supone no creer ni entender la verdadera entidad de Jesús. Jesús ha resucitado y se han manifestado los designios de Dios con su enviado. Marcos despide así su evangelio presentando a Jesús resucitado, aparecido a sus discípulos y transmitiéndoles su última voluntad: Id por todo el mundo predicando el evangelio a toda criatura. Creer en Jesús, aceptar al Galileo que entregó su vida por hacer presente el Reino de Dios entre los hombres, supone bautizarse en esa fe de resurrección y salvación. Y al que se bautice en el nombre del Señor, le acompañará toda la fuerza y la tutela de Dios. “Echarán los demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán en sus manos las serpientes...”, en una palabra, estarán haciendo presente el Reino de Dios.

 
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