×

Evangelio según San Lucas 4,14-21

- 23:58 El Evangelio

Jesús vuelve a Galilea, y allí en su ciudad natal, Nazaret, en la Sinagoga, presenta su programa del Reino partiendo de un relato del profeta Isaías y aplicándoselo a sí mismo: "el Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la Unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor".

Galilea es el lugar de los pobres, de los que sufren, de los oprimidos. Junto a ellos, y ayudado por el Espíritu, Jesús descubre que es necesario anunciar una Buena Noticia, la liberación tan esperada por el pueblo, que ahora llega en sus palabras y gestos. Él es el portador del Espíritu, viene de parte de Dios a cumplir su promesa de salvación y por eso se acerca a los que sufren, a los últimos para anunciarles que Dios no se ha olvidado de su pueblo, que la promesa permanece intacta y que ahora empieza a cumplirse cuando los ciegos recuperan la vista, los pecadores son perdonados, los pobres invitados a la mesa de la vida y los oprimidos a causa de la injusticia son liberados.

En Galilea, y junto a los marginados Jesús irá descubriendo la voluntad de Dios, por eso su programa del Reino comienza con el anuncio de una buena noticia a los que sufren, quiere darles esperanza, contagiarles la alegría de sentirse amados por Dios. No se fija en la condición moral de las personas, no pone el acento en sus pecados, sino en su sufrimiento y en la gratuidad de la salvación que trae de parte de Dios. Allí en Galilea llamará a sus primeros discípulos y formará su primera comunidad de seguidores. Por eso, cuando resucite,  otra vez los convocará en ese lugar para enviarlos a ser sus testigos en el mundo.

La mayoría de los excluidos de la sociedad de Galilea pensaban que no había salida, que estaban condenados a vivir en el sufrimiento. Los brazos poderosos del Imperio Romano caían sobre ellos con dureza y les arrebataban la esperanza. La religión convalidaba esta situación e incluso era cómplice de la opresión social y cultural. Frente a esto Jesús anuncia un "año de gracia", un nuevo tiempo de libertad y dignidad para todos. Jesús les devuelve la alegría y la esperanza.

Conclusión

Nunca podemos olvidarnos del programa de Jesús, que es nuestro programa: anunciar la buena noticia a los pobres y la liberación a los oprimidos. Los cristianos no tenemos otra opción que ponernos del lado de los que sufren, de los excluidos. Quizás necesitemos dejarnos llevar por el Espíritu a Galilea, volver a encontrarnos con el Jesús resucitado, beber nuevamente del cáliz de la vida y compartir el pan que se parte y reparte. Empezar de nuevo, volver a escuchar el llamado de Jesús, dejarnos cautivar por su proyecto, seguirlo por el lago de Galilea, anunciando buenas nuevas de liberación a los pobres. Entonces sí, nuestro mensaje será creíble, entonces sí podremos ser luz en este mundo en penumbras.  


Más noticias de hoy