Interior EL ORIGEN

La ciudad del "desierto verde"

08/02/2019 -

"Veinte leguas, que equivalen a cien kilómetros, al este del río Salado existe hoy la ciudad de Campo Gallo..."

Así comienza el libro redactado por Don Lucio Abdías Risso Patrón, que enmarca a la ciudad en la región denominada "El desierto verde", que se remonta a sus inicios y que comprende la zona ubicada entre los principales ríos Salado y Bermejo.

En este desierto verde, según cuenta Risso Patrón en su libro, cazaban los aborígenes que se asentaban o merodeaban las costas de los ríos, alimentándose de la pesca o frutos del bosque. Las poblaciones aborígenes tenían por costumbre extender su presencia hasta donde existiera agua en forma permanente, en ambas márgenes del río y hacia el este, hasta donde ésta llegara por sus antiguos cauces. A esta región, antes llamada "Shaku Wualamba", la castellanizaron en 1492 y pasó a denominarse Chaco Gualamba.

Mucho tiempo después, cuando Santiago del Estero ya era una ciudad autónoma, desde 1820 a la muerte de Juan Felipe Ibarra en 1851, comenzaron a gobernarla sus sobrinos los Taboada, y con ellos la provincia entró en una etapa de organización y desarrollo. Manuel Taboada como gobernador, y su hermano Antonino como comandante de la Guardia de Fronteras y también Jefe del Ejército del Norte. Para cumplir con sus funciones, Antonino Taboada debía trasladarse con sus soldados por el camino paralelo al Salado, y por la necesidad de tener a disposición caballos de refresco y víveres para su tropa, tentó a los costeños a arriesgar a establecerse en la llanura del naciente, con la promesa de otorgarles la propiedad de todo lo que ocuparan.

Buscando alejarse de los desmadres del río, un grupo de amigos liderado por Juan Camilo Gallo, aceptó el desafío de adentrarse en el "desierto verde". Había que llegar hasta la zona de extensos pastizales, lugar que a partir de entonces se conocería como Campo de los Gallo. Diseminados a lo largo de la costa del Salado, creaban su "puesto" para dedicarse a la agricultura y la cría de animales, con una economía de autosuficiencia determinada por el medio.

Con los cambios que se generaban en todo el país, a través de las diferentes presidencias que se sucedían, se consolidaba la formación del Ejército del Norte que se complementaba con la Guardia de las Fronteras, de esta manera lo imprevisible de los conflictos obligaba a disponer de alimentos de remonta en lugares estratégicos o bien, comprometer a criadores a los cuales recurrir.

Con los años transcurridos desde el inicio de la explotación forestal en Campo Gallo, se fueron sumando habitantes que construían sus ranchos y represas luego de desmontar la superficie necesaria. Esos trabajadores al ir asentándose con sus familias conformaron un poblado de importancia. En 1928, mediante la Ley 1072, la Legislatura y el gobernador Maradona deciden expropiar cien hectáreas de terreno en 27 localidades de nombres ya conocidos. Entre estos pueblos estaba el que hoy conocemos como Campo Gallo, cuya estación ferroviaria se denominaba del mismo modo, y al cual le asignaron en aquel momento el nombre del presidente Hipólito Irigoyen.

El problema de la carencia de agua afectó a esa ciudad desde sus orígenes; el vital elemento al principio llegaba con el tren en vagones tanques; mucho tiempo después durante un Gobierno Militar, se dio solución a la provisión de agua mediante la construcción de un canal de un metro de ancho por otro de profundidad que conectó a Campo Gallo con el río Salado.

Finalmente, con el devenir de los años, se fue acrecentando la población y generando el crecimiento de la ciudad de Campo Gallo a través de la conexión de rutas, construcción de caminos nuevos, demarcación de terrenos y otras obras que fueron dejando atrás aquella desolación desértica que existía en la región, para ir configurando lo que actualmente se conoce. Por toda esa historia, Campo Gallo hoy es la ciudad en constante crecimiento y en su 101º aniversario recordamos todos aquellos duros comienzos en los que fue fundada.

 
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