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Antes de las clases, es importante un examen médico integral a los niños

- 00:00 Santiago

Con el inicio del año escolar, padres e hijos se preparan con uniformes, listas de útiles escolares, libros y demás materiales que permitan un desempeño óptimo, pero olvidan que la salud es primordial para el desenvolvimiento adecuado de los niños al iniciar este nuevo período.

Entondes, se hace necesaria la importancia de realizarles un control médico general antes de que se inicie el año escolar, con la finalidad de evitar el ausentismo causado por las afecciones usuales, como: parasitosis, alergias, enfermedades de fácil contagio, anemia, entre otras. Este chequeo permitirá que los niños empiecen el nuevo año con energías necesarias para tener un excelente rendimiento académico.

El chequeo médico ideal por el regreso a clases consta de exámenes de laboratorio, entre ellos: exámenes de sangre, orina y heces para identificar parásitos. También de evaluación odontológica, auditiva y visual, completándose con la evaluación del médico/a pediatra.

En la evaluación del pediatra se conocerá si el peso y la talla son coherentes a la edad del niño/a. Por otra parte, la evaluación odontológica permite prevenir, identificar y tratar a tiempo problemas en la salud bucal de los niños, y la evaluación visual permitirá conocer si el niño/a identifica objetos y letras correctamente. Haciendo ajustes a tiempo se evitan problemas mayores en el futuro.

Es muy importante realizar controles oftalmológicos antes de ingresar a la escuela ya que muchos trastornos del aprendizaje se relacionan con la mala visión.

Se deben realizar controles oftalmológicos de rutina en las siguientes etapas de la infancia: recién nacidos, para descartar afecciones graves como cataratas, malformaciones de retina y retinopatía del prematuro; a los 6 meses de vida, para determinar la agudeza visual; a los 2 años y medio, para pesquisar estrabismos intermitentes y valorar la agudeza visual; a los 4 años, para descartar defectos refractivos que alteren el aprendizaje.

Más allá de esos chequeos puntuales, se debe consultar al especialista si el niño desvía los ojos; si tiene problemas en visión cercana: se acerca al papel al leer o escribir; si tiene problemas en visión lejana: para ver el pizarrón o la TV; si sufre dolores de cabeza tras esfuerzo visual.

¿En qué consiste un buen control oftalmológico?

Básicamente lo que se hace es evaluar la salud visual del paciente. Son pacientes asintomáticos, por lo que chequeamos cómo ve con cada ojo por separado ya que un niño o niña podría tener problemas de visión en un ojo y no demostrarlo porque el ojo que no tiene dificultad asume ambas tareas.

Lo que más frecuentemente se encuentra en estos chequeos son vicios de refracción (o "lente") en uno o ambos ojos. Cuando hay una diferencia importante en el lente, entre un ojo y el otro, hablamos de anisometropía. Cuando eso ocurre, el cerebro se queda con las imágenes que envía el ojo bueno, un ojo puede ver bien y el otro, tener problemas de enfoque que finalmente produce una visión borrosa y "abandona" el otro que ve mal y se puede desarrollar una ambliopía.

La ambliopía u "ojo flojo" se produce generalmente en los primeros años de la niñez. Sucede cuando el ojo que no logra ver bien, no alcanza su potencial visual y finalmente no desarrolla las conexiones neuronales normales con el cerebro.

Si se llega a la edad adulta sin corregir la diferencia visual de los ojos, es más difícil lograr recuperar la visión porque para entonces el cerebro tiene menos plasticidad. Cuanto antes se haga, mejor es el resultado, en general, si los papás del niño o niña tienen antecedentes de problemas visuales como miopías o hipermetropías altas, catarata congénita, estrabismo o degeneraciones de la retina, se debe estar atento y consultar cuanto antes con el especialista.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), 19 millones de niños menores de 15 años sufren alguna discapacidad visual, entre las que la miopía es la más común, y en aumento.

Defectos silenciosos

Los defectos visuales en los niños son silenciosos y difíciles de detectar, porque no son conscientes de evaluar su visión, no obstante, hay ciertas señales que podrían ayudar a los adultos a sospechar que algo no está bien.

Según los especialistas, algunas de las señales más comunes son:

* Que entrecierre los ojos para ver.

* Que se acerque mucho a las pantallas.

* Que se vea un ojo desviado.

* Ojos no alineados.

* Problemas para movilizarse.

* Alteración en la anatomía del ojo.

* Algo blanco en la pupila.

Es importante que los papás estén familiarizados con el hecho de que los defectos visuales en los niños son frecuentes, por lo que para prevenir, se requiere que vayan a su primer control al menos a los 4 años.

En el último tiempo, los problemas visuales en los niños han aumentado, algo para lo que aún no hay una explicación, aunque pueden influir factores externos como inmigraciones (debido a que cambia el sustrato genético), además de los hábitos sedentarios.

Hoy, los niños tienden a estar más en la casa, más pegados a las pantallas. Al salir menos tienen menos contacto con la luz ambiental, lo que favorece que aparezcan efectos como la miopía y si ya tiene puede progresar más si no está en contacto con la luz ambiental. Se cree que al estar en contacto con el sol se libera dopamina en el globo ocular, lo que ayuda a frenar para que no siga elongándose, sostienen los especialistas.

Desde la Sociedad Santiagueña de Oftalmología decimos que es muy importante realizar controles oftalmológicos antes de ingresar a la escuela ya que muchos trastornos del aprendizaje se relacionan con la mala visión, y se estima que entre el 15 y el 30% de los problemas de aprendizaje tiene su origen en un problema visual no diagnosticado. Por ello, el diagnóstico precoz y observar a los niños mientras hacen los deberes son muy importantes.

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