Santiago RECORDACIÓN

Las Hnas. de la Cruz celebran 50 años de misión en Quimilí

En dicha ciudad fundaron una escuela de capacitación y un hogar que alberga a niñas con discapacidad, entre otras obras.

12/02/2019 -

Se cumplieron ayer cincuenta años de la llegada a la ciudad de Quimilí de la congregación de la Compañía de las Hermanas de la Cruz, cinco religiosas, alegres, entusiastas, humildes y con el gran deseo de fundar su primera casa en la Argentina. El entonces obispo de la Diócesis de Añatuya, monseñor Jorge Gottau, las puso en contacto con el pueblo de Quimilí, que necesitaba evangelización y el acompañamiento de algún consagrado.

Según recordó Catalina Parodi, ellas procuraron aceptar con amor la voluntad de Dios, "porque yo hago siempre lo que es de su agrado", como repetía la madre María de la Purísima.

Las primeras en llegar fueron las hermanas María Petra, María de África, Margarita, Catalina y Annunciata, quienes comenzaron a construir su casa, que con el tiempo se volvió el albergue de todos, en especial de los pobres y enfermos "sus predilectos".

"La generosidad que tuvieron con los pobres fue extremada, dándoles en algunas ocasiones los alimentos de su comunidad, confiando en que la Divina Providencia no les iba a faltar a las hermanas, trabajan incansablemente por hacer vida el ideal de su fundadora Santa Ángela de la Cruz: hacerse pobre con los pobres para llevarlos a Cristo", recordó.

En Quimilí fundaron la escuela de capacitación para que todas las mujeres, en especial las madres solteras pudieran aprender un oficio y así mantener su hogar. Crearon un hogar que alberga alrededor de 23 niñas con discapacidad, entre otras innumerables cosas.

Por las mañanas se las puede ver pasar en sus bicicletas, llevando en sus mochilas, remedios, pan y perfume para los enfermos.

"Hoy nos toca agradecerles de corazón, todo lo que han dado por nuestro pueblo y sobre todo mostrarnos un Dios vivo y presente, que no descuida su rebaño. Seguramente la mayoría tuvo la dicha, como la tuve yo, de tenerlas en nuestras vidas, en la catequesis, en los grupos misioneros, en el hospital, en las escuelas, en las visitas diarias por los barrios, siempre presentes. Gracias por estos 50 años de amor, entrega, servicio, humildad, pobreza de corazón y alegría", finalizó Catalina.

 
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