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Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,31 37

- 21:42 El Evangelio

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá”, esto es: “Ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. Reflexión El relato del Génesis nos introduce en el misterio del mal y el pecado. El autor sagrado presenta la tentación bajo la apariencia de un animal especialmente escurridizo y dañino como es la serpiente que, además, era el símbolo de una divinidad cananea. De ahí posiblemente que se dirija a la mujer, aunque la tentación es a ambos. Precisamente no entender esto ha creado no pocos recelos infundados. La tentación consiste en presentar a Dios como alguien que cela del hombre, que lo quiere sujeto a su autoridad y, en el fondo, teme que le pueda arrebatar su omnipotencia. No es verdad. Al contrario: Dios crea al hombre y la mujer a su imagen y semejanza, los dota de libertad y sabiduría, los plenifica con su amor... Pero llega un momento en que se creen que todo ha sido mérito suyo y no necesitan del Dios que los ha creado. Se sienten la única referencia para vivir y ser dichosos. Pero es una burda mentira. Están desnudos y tienen miedo cuando Dios, como cada tarde, viene a pasearse con ellos. La fe implica una confianza incondicional en Alguien que te quiere, te valora por lo que eres y te ha destinado desde siempre a la salvación, pero la sociedad ¡tantas veces! nos presenta frutos aparentes de una felicidad que, a la postre, te deja desnudo y desvalido, lejos de tu verdadero ser, lejos del Dios que te ha dado la vida. El Evangelio nos presenta una de las varias curaciones que hace Jesús en territorio pagano y a personas que no profesaban la fe de Israel. Es más, viene justamente después del impresionante testimonio de la cananea que se atreve incluso a replicar a Jesús cuando le reprocha no ser judía. Y es que la Salvación es siempre universal. Jesús sobrepasa el ámbito salvífico de Israel porque lo que le interesa es el hombre allí donde se encuentre, especialmente los que más sufren. El protagonista es sordo y mudo, tiene pues, la totalidad del mal que le aprisiona y no le deja vivir ni expresarse. Y Jesús le ordena que se “abra” a la Salvación, no ya de su enfermedad, sino de toda su vida. Es un gran milagro, pero, Jesús les pide que no hablen de ello. Es muy significativo que haga hablar al mudo, para que ahora le pida silencio. A él y a los demás. El evangelista quiere hacernos ver que el verdadero milagro es la Conversión integral, no simplemente una curación espectacular... pero que no abre los corazones a Dios. ¿Reconozco las tentaciones que me incitan a desobedecer a Dios? ¿Me doy cuenta de que muchas veces solo me acuerdo de Dios cuando me siento desnudo? ¿Me siento a veces como el sordomudo, trabado de voz y oído para percibir a Dios en mi vida?

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