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Hambriento y con sueño se entregó el homicida del vecino en paraje Lote 24

Aldo Aguirre ejecutó de dos tiros a Jorge Oscar Quinteros. Fue el fatídico fin de una vieja disputa por tierras. Pueden condenarlo hasta 25 años de cárcel.

- 00:00 Policiales

Dos días después de asesinar a su vecino de dos disparos, ayer a la madrugada el homicida retornó a su casa y desde allí concertó con la policía su rendición.

El horror estalló el 13 de enero en el paraje Lote 24, departamento Mitre.

La víctima fue identificada como Jorge Oscar Quinteros, de 60 años, con residencia en la misma zona, y el verdugo resultó Aldo Aguirre, también mayor de edad.

Según la investigación que impulsa la fiscal Cecilia Rímini, Aguirre increpó a Quinteros por trabajar en un predio ajeno y ahí nomás le descerrajó dos tiros: uno dio de lleno en la cabeza y el otro, en el tórax.

Quinteros falleció casi en el acto, pese al auxilio de sus dos sobrinos que presenciaron todo.

Lejos de la gente

Desde entonces, Aguirre se internó en el monte y se presume que de madrugada volvía a su hogar para dormir y al amanecer otra vez regresaba al monte.

Apenas 48 horas soportó esa vida, ya que ayer a la 1 de la madrugada el propio Aguirre anunció a personal de la Seccional 17, de Pinto, que quería entregarse.

La comisión policial partió a la vivienda de Aguirre, al mando del comisario inspector Gustavo Málaga, jefe de Departamento.

Tal cual, al llegar los policías fueron recibidos por el propio Aguirre, quien hizo entrega de un revólver RBEA YCIA, modelo "senC - Eibar" calibre 32 , E378000, plateado con empuñadura negro. Contenía 6 proyectiles, de los cuales sólo 3 se encontraban percutados.

Hambriento, cansado y con sueño, Aguirre fue ascendido al patrullero y conducido ante un médico en el hospital local.

Indagatoria

Ahora, la Fiscalía apurará la marcha con vistas a indagarlo el lunes a primera hora.

En principio, sería imputado por "homicidio simple", pero Rímini prefiere el misterio legal, a fin de despistar cualquier estrategia defensiva.

No es para menos. La fiscal tiene una persona muerta, pero ahora tiene que recrear la historia.

Los sobrinos de la víctima alegan bronca por tierras, pero Rímini necesita munirse de pruebas.

Ha designado profesionales en psicología, asistentes y "expertos" en pericias en campos.

Aún con lo básico cubierto, la funcionaria pretende indagatoria, fotografías, autopsia, testimoniales, un socioambiental y, muy pronto, la reconstrucción del crimen.

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